Editorial de espejo-doble

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Amigos Reflejos,

Estoy preparando un nuevo blog de ARTES VISUALES....su nombre EL PRISMA

http://pintura-prismas.blogspot.com/

Están todos invitados !!!

~ 2009-10-31 0 Reflejos

Yves Klein - fragmento del libro de Javier Arnoldo


















~ 2009-08-03 0 Reflejos

Yves Klein - fragmento del libro de Javier Arnoldo
















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Yves Klein - Creación, sensualidad, inventor, ARTE !




Fuente: canal de youtube anasoprana

~ 2009-08-02 0 Reflejos

Yves Klein - Creación, sensualidad, inventor, ARTE !





Fuente: Canal de youtube anasoprana

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Yves Klein - Creación, sensualidad, inventor, ARTE !


Yves Klein, que falleció a la temprana edad de 34 años, se cuenta entre los artistas más originales y relevantes del siglo XX y realizó toda su producción artística en el breve lapso de siete años. Fue precursor de muchas de las prácticas y tendencias artísticas que llegaron a generalizarse como el happening y la performance; el Land Art o arte medio-ambiental, el arte corporal y elementos del arte conceptual jalonan su obra, cuya influencia perdura aún hoy.
Su intrincada personalidad, que fluctuaba entre la extrema concentración y la total ausencia de límites, se refleja en su trabajo en el que monocromía y figuración, o espiritualidad y teatralidad, no se plantean como antítesis sino que, más bien al contrario, contribuyen a la finalidad suprema de Klein: abarcar la vida a través del arte.
La vida del artista
Klein nació en 1928 en Cagues-sur-Mer, en el seno de una familia vinculada al arte. Fred Klein, su padre, era pintor figurativo y su madre, Marie Raymond, era pintora abstracta vinculada a la tradición de la Escuela de París. Sin embargo, Yves Klein inició su actividad profesional como judoca. La influencia de su intensa vinculación con la filosofía y la práctica de este arte marcial, que le llevó a estudiar durante 15 meses en el prestigioso Instituto Kõdõkan de Tokio, perduró en su concepción del arte. El judo Kõdõkan está profundamente influido por la filosofía Zen y aboga por la comunión entre mente y cuerpo, por la plena armonía con la existencia, por el desarrollo de la perceptividad y la búsqueda de un estado de vacío.
Por otra parte, Klein siempre tuvo un gran interés por las enseñanzas místicas cristianas. Su fuerte afinidad por lo ritual y cuestiones relativas a la inmaterialidad y el vacío que perduró en él a lo largo de toda su vida expresan su interés por los temas espirituales.
La primera aparición oficial en escena de Klein como artista visual se produjo en 1955, cuando presentó su monocromo Expresión del universo de color naranja plomo en el Salon des Réalités Nouvelles. El cuadro fue rechazado por el certamen con el argumento de que un único color no era suficiente para construir una pintura. La pieza, incluida en esta retrospectiva, se presenta junto a una serie de monocromos tempranos en amarillo, blanco, negro, rojo, rosa y verde.
Ya desde un principio, Klein usaba un rodillo en lugar de un pincel para eliminar todo indicio de la mano del artista en la aplicación de la pintura. El color adquiere una importancia absoluta como “materialización de la sensibilidad” y a través de él manifiesta su empeño por expandir la pura percepción visual a un concepto de percepción sensorial integral. El artista desafía al espectador a sumergirse en el espacio infinito del color y a experimentar una mayor sensibilidad hacia lo inmaterial.
Klein atribuía un papel especial al color azul que, como el cielo y el mar, encarnaba los aspectos más abstractos de la naturaleza tangible y visual. Buscó largamente un azul que representara sus ideas y un método de aglutinar la pintura para que mantuviera la luminosidad original del pigmento. El resultado fue el IKB —International Klein Blue (Azul Klein Internacional)— un penetrante azul ultramar que creó con ayuda de un amigo químico, y que patentó y convirtió en su marca característica a partir de aquel momento.
Las pinturas monocromas, las esculturas y las acciones de Klein, exhibidas en exposiciones en solitario organizadas en Milán, Düsseldorf o Londres, le convirtieron repentinamente en un artista internacionalmente conocido.
Sus primeras pinturas monocromas en naranja, amarillo, verde, rojo, negro o blanco; las famosas monocromías azules y los relieves y esculturas de esponja; sus polémicas antropometrías, para las que utilizaba modelos femeninas a modo de brochas vivientes; las monocromías doradas y sus experimentos finales con fuego y elementos de la naturaleza.
Pinturas monocromas realizadas en 1957 bajo un planteamiento conceptual que, pese a su idéntico tamaño y a similar aspecto, Klein percibía como diferentes y por ello las vendió a precios muy dispares. Las “antropometrías”, impactantes impresiones en las que “pinceles vivientes” trazaban la huella de los cuerpos al moverse según las instrucciones del artista a modo de formas estáticas y dinámicas, agrupadas o en solitario también están incluidas en la exposición. También son conocidos sus relieves y esculturas de esponja en azul y rosa, que Klein creó después de los monumentales relieves de esponja en azul que realizó para el vestíbulo del teatro de Gelsenkirchen en Alemania.
Su interés por cuestiones relacionadas con la arquitectura desembocó en la realización de una serie de diseños visionarios de “arquitecturas del aire” que creó en colaboración con el arquitecto alemán Werner Ruhnau. Tan radical como la idea arquitectónica de Klein de sustituir las paredes por corrientes de aire, fue su habitación Le vide (el vacío), que mostró en su galería de París en 1958. En este caso, Klein va un paso más allá de los monocromos: en una sala completamente vacía, las paredes, que el artista pintó de blanco, ponían al espectador en sintonía con un espacio sensibilizado y sensibilizador. El arte ya no parece un objeto sino que es percibido como una presencia artística que se vislumbra en el espacio.
A partir de 1960 Klein se entrega de forma creciente al fuego como medio para expresar la energía elemental. Sus pinturas de fuego fueron creadas en eventos o acciones espectaculares y a menudo las combinó con color e impresiones corporales. Las Cosmogonías y los así llamados Relieves Planetarios y otros experimentos con elementos naturales como la lluvia , el viento o las tormentas, cuya huella el fijaba sobre el lienzo o el papel, reflejan la visión cosmológica del mundo del artista.
Klein murió en 1962 a consecuencia de su tercer ataque al corazón. Su breve vida está contenida en su obra, marcada por su afán de abarcar lo inmaterial: mis pinturas son las cenizas de mi arte.

FUENTE: Yves Klein

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James Marshall Hendrix - El Guitarrista !!!!!!!


James Marshall Hendrix (Seattle, Washington, 27 de noviembre de 1942 - Londres, 18 de septiembre de 1970) fue un guitarrista, cantante y compositor estadounidense. Es considerado uno de los más grandes guitarristas de la historia de la música, además de ser uno de los mayores innovadores en el ámbito de la guitarra eléctrica: durante su carrera artística, tan breve como intensa, fue el precursor de muchas estructuras y del sonido de aquellas que serían las futuras evoluciones del rock (como por ejemplo el hard rock), creando una fusión inédita de blues, rhythm and blues, rock and roll y funky.

Su exhibición durante el cierre del festival de Woodstock en 1969 se transformó en un verdadero y propio símbolo: la imágen del guitarrista que con una irónica y desafiante visión del arte, toca el himno nacional americano con una distorsión visiblemente provocatoria. Ésta entró prepotentemente en el imaginario colectivo musical como uno de los puntos de inflexión en la historia del rock.

Hendrix fue introducido en el Rock and Roll Hall of Fame en 1992

En el año 2003, la revista Rolling Stone lo eligió como el mejor guitarrista de todos los tiempos.


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The Beatles - nuevo rumbo en la música



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Ravi Shankar presente en Woodstock !


Ravi Shankar, tocó cinco canciones mientras estaba lloviendo

1. Raga Puriya-Dhanashri/Gat In Sawarital
2. Tabla Solo In Jhaptal
3. Raga Manj Kmahaj
4. Iap Jor
5. Dhun In Kaharwa Tal


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Tango Feroz, la película.



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"Los Gatos" origen del rock nacional



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Tanguito, una leyenda del rock !!



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Festival de Woodstock


El festival de música y arte de Woodstock es uno de los festivales de rock más famosos de la historia. Tuvo lugar en una granja de Bethel, Nueva York, los días 15, 16 y 17 de agosto de 1969. El festival tiene el nombre de Woodstock porque inicialmente estaba programado que tuviese lugar en un lugar del pueblo de Woodstock, en Ulster County; la oposición local casi cancela el evento, pero Sam Yasgur convenció a su padre Max Yasgur para acoger al concierto en los terrenos de la familia, localizados en Sullivan County.
Artistas participantes
Los cantantes, con sus actuaciones y el orden que ocuparon en el festival son los siguientes:

Viernes 15 de agosto

El concierto empezó oficialmente a las 5:08 de la tarde, empezó con Richie Havens con un recital folk.

* Richie Havens (Abrió el festival - tocó 7 canciones)
1. High Flyin' Bird
2. I Can't Make It Anymore
3. With A Little Help
4. Strawberry Fields Forever
5. Hey Jude
6. I Had A Woman
7. Handsome Johnny
8. Freedom
* Swami Satchidananda. Dio la invocación espiritual para el festival
* Country Joe McDonald. El tocó sin su banda The Fish
1. I Find Myself Missing You
2. Rockin' All Around The World
3. Flyin' High All Over the World
4. Seen A Rocket
5. The "Fish" Cheer/I-Feel-Like-I'm-Fixin'-To-Die Rag
* John Sebastian
1. How Have You Been
2. Rainbows All Over Your Blues
3. I Had A Dream
4. Darlin' Be Home Soon
5. Younger Generation
* Sweetwater
1. What's Wrong
2. Motherless Child
3. Look Out
4. For Pete's Sake
5. Day Song
6. Crystal Spider
7. Two Worlds
8. Why Oh Why
* Incredible String Band
1. Invocation
2. The Letter
3. This Moment
4. When You Find Out Who You Are
* Bert Sommer
1. Jennifer
2. The Road To Travel
3. I Wondered Where You Be
4. She's Gone
5. Things Are Going my Way
6. And When It's Over
7. Jeanette
8. America
9. A Note That Read
10. Smile
* Tim Hardin, an hour long set
1. If I Were A Carpenter
2. Misty Roses
* Ravi Shankar, tocó cinco canciones mientras estaba lloviendo
1. Raga Puriya-Dhanashri/Gat In Sawarital
2. Tabla Solo In Jhaptal
3. Raga Manj Kmahaj
4. Iap Jor
5. Dhun In Kaharwa Tal
* Melanie
1. Beautiful People
2. Birthday of The Sun
* Arlo Guthrie
1. Coming Into Los Angeles
2. Walking Down the Line
3. Amazing Grace
* Joan Baez
1. Oh Happy Day
2. The Last Thing On My Mind
3. I Shall Be Released
4. Joe Hill
5. Sweet Sir Galahad
6. Hickory Wind
7. Drug Store Truck Driving Man
8. I Live One Day At A Time
9. Sweet Sunny South
10. Warm and Tender Love
11. Swing Low Sweet Chariot
12. We Shall Overcome

Sabado 16 de agosto

El concierto se reanudo a las 12:15 pm

* Quill, tocó durante 40 minutos un recital de 4 canciones
1. They Live the Life
2. BBY
3. Waitin' For You
4. Jam
* Keef Hartley Band
1. Spanish Fly
2. Believe In You
3. Rock Me Baby
4. Medley
5. Leavin' Trunk
6. Halfbreed
7. Just To Cry
8. Sinnin' For You
* Santana
1. Waiting
2. You Just Don't Care
3. Savior
4. Jingo
5. Persuasion
6. Soul Sacrifice
7. Fried Neckbones
* Canned Heat
1. A Change Is Gonna Come/Leaving This Town
2. Going Up The Country
3. Let's Work Together
4. Woodstock Boogie
* Mountain, tocó durante una hora larga, su repertorio incluyó un tema de Jack Bruce's "Theme For An Imaginary Western"
1. Blood of the Sun
2. Stormy Monday
3. Long Red
4. Who Am I But You And The Sun
5. Beside The Sea
6. For Yasgur's Farm (then untitled)
7. You and Me
8. Theme For An Imaginary Western
9. Waiting To Take You Away
10. Dreams of Milk and Honey
11. Blind Man
12. Blue Suede Shoes
13. Southbound Train
* Janis Joplin (Realizó dos repeticiones de Piece of My Heart y Ball and Chain).
1. Raise Your Hand
2. As Good As You've Been To This World
3. To Love Somebody
4. Summertime
5. Try (Just A Little Bit Harder)
6. Kosmic Blues
7. Can't Turn you Loose
8. Work Me Lord
9. Piece of My Heart
10. Ball and Chain
* Sly & The Family Stone empezaron a la 1:30 de la mañana
1. Chip Monck Intro/M’Lady
2. Sing A Simple Song
3. You Can Make It If You Try
4. Everyday People
5. Dance To The Music
6. I Want To Take You Higher
7. Love City
8. Stand!
* Grateful Dead
1. St. Stephen
2. Mama Tried
3. Dark Star/High Time
4. Turn On Your Love Light
* Creedence Clearwater Revival
1. Born on the Bayou
2. Green River
3. Ninety-Nine and a Half (Won't Do)
4. Commotion
5. Bootleg
6. Bad Moon Rising
7. Proud Mary
8. I Put A Spell On You
9. Night Time is the Right Time
10. Keep On Choogin'
11. Suzie Q
* The Who comenzaron a las 3 de la mañana, tocaron 24 canciones incluyendo Tommy
1. Heaven and Hell
2. I Can't Explain
3. It's a Boy
4. 1921
5. Amazing Journey
6. Sparks
7. Eyesight to the Blind
8. Christmas
9. Tommy Can You Hear Me?
10. Acid Queen
11. Pinball Wizard
12. Abbie Hoffman Incident (see above section)
13. Fiddle About
14. There's a Doctor
15. Go to the Mirror
16. Smash the Mirror
17. I'm Free
18. Tommy's Holiday Camp
19. We're Not Gonna Take It
20. See Me, Feel Me
21. Summertime Blues
22. Shakin' All Over
23. My Generation
24. Naked Eye
* Jefferson Airplane empezaron a las 8 de la mañana, después de la maratón de la noche, su repertorio incluyó ocho canciones, su concierto en este festival es considerado por algunos como uno de los momentos más memorables de la historia del rock.
1. Volunteers
2. Somebody To Love
3. The Other Side of This Life
4. Plastic Fantastic Lover
5. Saturday Afternoon/Won't You Try
6. Eskimo Blue Day
7. Uncle Sam's Blues
8. White Rabbit

Domingo 17 de agosto, a Lunes 18

Joe Cocker fue el primer concierto del día después de la noche maratónica, él abrió el incio del programa del día a las dos de la tarde.

* Joe Cocker
1. Delta Lady
2. Some Things Goin' On
3. Let's Go Get Stoned
4. I Shall Be Released
5. With a Little Help from My Friends
* Después de Joe Cocker el festival se suspendió durante unas horas por una fuerte tormenta.
* Country Joe and the Fish Con ellos se volvió a reanudar el concierto a las 6 de la tarde.
1. Rock and Soul Music
2. Thing Called Love
3. Love Machine
4. The "Fish" Cheer/I-Feel-Like-I'm-Fixin'-To-Die Rag
* Ten Years After
1. Good Morning Little Schoolgirl
2. I Can't Keep From Crying Sometimes
3. I May Be Wrong, But I Won't Be Wrong Always
4. Hear Me Calling
5. I'm Going Home
* The Band
1. Chest Fever
2. Tears of Rage
3. We Can Talk
4. Don't You Tell Henry
5. Don't Do It
6. Ain't No More Cane
7. Long Black Veil
8. This Wheels On Fire
9. I Shall Be Released
10. The Weight
11. Loving You Is Sweeter Than Ever
* Blood, Sweat & Tears fue sobre la medianoche con un recital de cinco canciones.
1. More and More
2. I Love You Baby More Than You Ever Know
3. Spinning Wheel
4. I Stand Accused
5. Something Coming On
* Johnny Winter
1. Mama, Talk to Your Daughter
2. To Tell the Truth
3. Johnny B. Goode
4. Six Feet In the Ground
5. Leland Mississippi Blues/Rock Me Baby
6. Mean Mistreater
7. I Can't Stand It (With Edgar Winter)
8. Tobacco Road (With Edgar Winter)
9. Mean Town Blues
* Crosby, Stills, Nash & Young empezaron a las tres de la mañana, su recital está separado en dos partes, parte acústica y otra eléctrica
o Parte Acustica
1. Suite: Judy Blue Eyes
2. Blackbird
3. Helplessly Hoping
4. Guinnevere
5. Marrakesh Express
6. 4 + 20
7. Mr. Soul
8. Wonderin'
9. You Don't Have To Cry
o Parte Electrica
1. Pre-Road Downs
2. Long Time Gone
3. Bluebird
4. Sea of Madness
5. Wooden Ships
6. Find the Cost of Freedom
7. 49 Bye-Byes
* Paul Butterfield Blues Band
1. Everything's Gonna Be Alright
2. Driftin'
3. Born Under A Bad Sign
4. Morning Sunrise
5. Love March
* Sha-Na-Na
1. Na Na Theme
2. Jakety Jak
3. Teen Angel
4. Jailhouse Rock
5. Wipe Out
6. Who Wrote the Book of Love
7. Duke of Earl
8. At the Hop
9. Na Na Theme
* Jimi Hendrix Insistió en ser él quien tocara en último lugar. Se programó su parte para la medianoche, pero por retrasos en el festival no tocó hasta las 9 de la mañana del lunes. Se dice que le llegaron a ver 500.000 personas, aunque empezó con un público de 80.000. El recital duró dos horas, siendo el concierto más largo de su historia. Tocó 18 canciones, concluyendo con Hey Joe:
1. Message to Love
2. Hear My Train A Comin'
3. Spanish Castle Magic
4. Red House
5. Mastermind
6. Lover Man
7. Foxy Lady
8. Jam Back At The House
9. Izabella
10. Get my heart Back together
11. Gypsy Woman
12. Fire
13. Voodoo Child (Slight Return)/Stepping Stone
14. Star Spangled Banner
15. Purple Haze
16. Woodstock Improvisation
17. Villanova Junction
18. Hey Joe

FUENTE: Festival de Woodstock

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Jim Morrison - Música- blog amigo !!!!!!!!



No dejes de visitar el blog amigo.. donde encntrarás TODO sobre Jim Morrison !!!




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Llénate de mí - Pablo Neruda




Llénate de mí - Pablo Neruda

Llénate de mí.
Ansíame, agótame, viérteme, sacrifícame.
Pídeme. Recógeme, contiéneme, ocúltame.
Quiero ser de alguien, quiero ser tuyo, es tu hora,
Soy el que pasó saltando sobre las cosas,
el fugante, el doliente.

Pero siento tu hora,
la hora de que mi vida gotee sobre tu alma,
la hora de las ternuras que no derramé nunca,
la hora de los silencios que no tienen palabras,
tu hora, alba de sangre que me nutrió de angustias,
tu hora, medianoche que me fue solitaria.

Libértame de mí. Quiero salir de mi alma.
Yo soy esto que gime, esto que arde, esto que sufre.
Yo soy esto que ataca, esto que aúlla, esto que canta.
No, no quiero ser esto.
Ayúdame a romper estas puertas inmensas.
Con tus hombros de seda desentierra estas anclas.
Así crucificaron mi dolor una tarde.

Quiero no tener límites y alzarme hacia aquel astro.
Mi corazón no debe callar hoy o mañana.
Debe participar de lo que toca,
debe ser de metales, de raíces, de alas.
No puedo ser la piedra que se alza y que no vuelve,
no puedo ser la sombra que se deshace y pasa.

No, no puede ser, no puede ser, no puede ser.
Entonces gritaría, lloraría, gemiría.

No puede ser, no puede ser.
Quién iba a romper esta vibración de mis alas?
Quién iba a exterminarme? Qué designio, qué? palabra?
No puede ser, no puede ser, no puede ser.
Libértame de mí. Quiero salir de mi alma.

Porque tú eres mi ruta. Te forjé en lucha viva.
De mi pelea oscura contra mí mismo, fuiste.
Tienes de mí ese sello de avidéz no saciada.
Desde que yo los miro tus ojos son más tristes.
Vamos juntos. Rompamos este camino juntos.
Ser? la ruta tuya. Pasa. Déjame irme.
Ansíame, agótame, viérteme, sacrificarme.
Haz tambalear los cercos de mis últimos límites.

Y que yo pueda, al fin, correr en fuga loca,
inundando las tierras como un río terrible,
desatando estos nudos, ah Dios mío, estos nudos,
destrozando,
quemando,
arrasando
como una lava loca lo que existe,
correr fuera de mi mismo, perdidamente,
libre de mí, Curiosamente libre.
¡Irme, Dios mío, irme!

~ 2009-07-20 4 Reflejos

¿Has besado alguna vez una pantera? -Bukowski



¿Has besado alguna vez una pantera?

Esta mujer se cree una pantera
y a veces cuando hacemos el amor
ella gruñe y escupe
y su pelo cae
y ella mira a través de las mechas
y muestra sus colmillos
pero yo sin embargo la beso y continúo el amor.
¿Has besado alguna vez a una pantera?
¿Has visto a una mujer pantera gozando
el acto del amor?
No has amado, amigo.
Tú con tus pequeñas rubias teñidas,
tú con tus ardillas y ardillitas,
tus elefantes y ovejas
deberías dormir con una pantera,
nunca más querrías
ardillas, elefantes, ovejas, zorras, lobas,
nada sino la mujer pantera,
la pantera hembra paseándose por tu cuarto,
la pantera hembra paseándose por tu alma;
todos los otros cantos de amor son mentiras
cuando esa suave piel negra se mueve contra ti
y el cielo cae sobre tu espalda,
la pantera hembra es el sueño hecho realidad
y no hay retorno
ni deseo de retornar;
la piel contra ti,
la búsqueda ha acabado
cuando tu verga se mueve contra el borde del Nirvana
y estás abrazado a los ojos de una pantera.

Charles Bukowski
(1920 - 1994)
(Alemania-U.S.A.)

~ 2 Reflejos

Jan A.P. Kaczmarek - Música



~ 2009-07-19 0 Reflejos

Luis Gruss - Ensayo sobre el erotismo


Luis Gruss Revista CAMPO GRUPAL
Año XII Nº 113 Julio de 2009

Son las palabras las que toman una actitud, no los cuerpos;
las que se tejen, no los vestidos; las que brillan,
no las armaduras; las que retumban, no las tormentas.
Son las palabras las que sangran, no las heridas.
Pierre Klossowski
Amor y erotismo. ¿Queda algo que agregar sobre la expresión
física del amor? Los pensadores modernos dicen poco. La literatura
y el cine intentan aproximaciones que muchas veces terminan
en versiones aniñadas de la fe. El amor no existe, decretan los
escépticos. O existe como una pasión por todos venerada pero que muy
pocos viven realmente. En los contornos de la trama se agita el sentimentalismo
barato, la pornografía industrial, la prosa barrial y la sabiduría
que se nutre de la convención. En esta línea suele decirse que el
amor “se hace” como también se hacen las guerras, los viajes, las comidas
o los juguetes. “Lo que pasa en la cama es secreto de quien ama”,
resolvió con pudor el impúdico Vinicius de Moraes.
Eros permanece invisible. En la oscuridad vibrante envuelve a
Psiquis en sus brazos y la arrastra a un pozo sin fondo. Ni siquiera el
placer del sexo es eterno ya que se interrumpe al ser alcanzado. La estación
final suele ser el desencanto. O faltan palabras para hablar de amor
y erotismo (la “llama doble” según la feliz expresión acuñada por
Octavio Paz). O sobran. O es mejor callar. Beckett seguramente propondría
una salida alternativa que podría resumirse en un sin embargo.
No puedo hablar del tema. Puedo (sin embargo) hablar de él.
Según el mito socrático el acto de amar sirve para “engendrar una
multitud de hermosos y magníficos discursos”. Al parecer las divinas
parrafadas no alcanzan a alojarse en ningún lado. La espera del ser
amado ayuda a encender la doble llama. “Estoy enamorado porque espero”,
supone Barthes. Pero también la espera cansa, o peor, termina en
algún momento. ¿Y después qué? Debemos admitir la existencia de un
silencio erótico que no se deja tomar ni clasificar. Podemos contornearlo
amorosamente, y hasta con cierto grado de precisión, pero jamás
atraparlo y menos aún obligarlo a decir lo que no quiere.
La erótica del vacío dispara una catarata de palabras y un torrente no
menos fluido de dudas. También despierta en los protagonistas la sensación
de estar viviendo una experiencia que, siendo incomunicable, es
única. Pero en el momento en que los amantes se quitan la ropa (y revelan
el misterio) se pierden y comprenden, con algún desconcierto, que
las formas empiezan lentamente a diluirse en espejismos. La ropa evita
por un lado que el cuerpo se convierta en un desfile ambulante y exhibicionista.
Pero al mismo tiempo excita la curiosidad. El fenómeno es
claro para todos, también para los hombres salvajes de Pongo -en el
oeste de África- que viven desnudos y no permiten vestirse a sus mujeres
porque de ese modo “serían más bellas” y podrían ser procuradas por
hombres de los pueblos cercanos.
En plena desnudez la convulsión de la carne confunde la escena hasta
límites insospechados. La cercanía extrema disminuye las diferencias,
incluidos los supuestos atractivos que la tela subrayaba. De pronto se
despliega un juego de sombras donde ni la luz ni las palabras cambian
lo esencial. La carne se vuelve invisible y el intercambio se realiza de
un modo fantasmal.
La ceremonia secreta se concreta pero, extrañamente, la deidad invocada
no se hace presente. La fusión perfecta que promete el mito de
Aristófanes se trastoca en mitades que se unen circunstancialmente para
volver a separarse. El impulso inicial adopta la forma de una deriva
extraña a la vida humana que, para existir, impone la ausencia. Luego,
como en el teatro, cae el telón, se encienden las luces que al comienzo
de la obra se habían apagado, el humo artificial enrarece el ambiente y
todo vuelve a cargarse de conversaciones que terminan siendo banales de
tan cotidianas. ¿Qué fue lo que pasó? Si fue amor es posible que la unidad
en la diferencia vuelva por otros caminos.
La actividad sexual no es necesariamente erótica. Lo será únicamente
si no resulta demasiado rudimentaria. Quizás sea necesario recordar
que un ser hablante no bebe ni come ni copula como un animal; ya no
puede recrear la vida salvaje de donde proviene. Allá se relacionaba con
el orden de la necesidad. Acá se transfigura. Hasta la elección del objeto
amoroso será completamente distinta a la de las bestias. El todos los
casos el lenguaje atravesará el acto como una espiral endemoniada.
Definitivamente expulsados de un paraíso que acaso nunca existió, los
que se aman deben abrirse paso en una selva donde ya nada queda en pie
de la naturalidad añorada. Son las palabras las que toman una actitud,
no los cuerpos.
Entre hombres y mujeres hay una discontinuidad insalvable. Un abismo
(dice Bataille) que no está lejos del malestar y la muerte. Por más
que a veces parezca que los minutos se estiran, el amor transcurre en un
tiempo limitado como en una especie de fulgor circunstancial. Petite
mort llaman los franceses al orgasmo, ese alto arrecife donde cada integrante
de la pareja pierde la conciencia durante un período indeterminado
y permanece en virtual estado de coma por unos momentos, quizás
demasiado breves para lo esperado. Ese instante (dice Octavio Paz) es
diminuto e inmenso, dura lo que dura un parpadeo y es también largo
como un siglo. Pequeña muerte inspirada por Tánatos; estallido, calma,
desconcierto. La subida es también caída y la vibración máxima de los
cuerpos se torna improbable. “Es una sensación que pasa de la extrema
tensión al más completo abandono y de la concentración fija al olvido
de sí. Es una reunión de opuestos que dura un segundo: la afirmación
del yo y su disolución, la subida y la caída, el allá y el aquí, el tiempo
y el no-tiempo. La experiencia mística es una instantánea fusión de
opuestos, tensión y distensión, afirmación y negación, estar fuera de
sí y reunirse con uno mismo en el seno de una naturaleza reconciliada.
Es natural que los poetas místicos y los eróticos usen un lenguaje parecido:
no hay muchas maneras de decir lo indecible”.
En tiempos de sexo computarizado o telefónico (además) el contacto
físico “real” con un “otro real” está perdiendo terreno en beneficio del
goce en soledad cuyo único soporte es el fantasma sin foco de un desconocido.
Cuando el cuerpo se convierte en prolongación de una computadora,
la dimensión física del encuentro desaparece. Para algunos
esto da lugar a nuevas subjetividades. Para otros lo singular de cada cual
se evapora en el aislamiento extremo. Plantear una oposición tajante
entre mundos reales y virtuales, de todos modos, podría conducir a un
callejón sin salida. Porque antes y después de este nuevo signo de los
tiempos hay una situación de origen que se ha instalado desde el nacimiento
del lenguaje y se relaciona con el carácter en cierto modo imaginario
del acto. El cuerpo del otro sirve de sostén para proyecciones
igualmente delirantes e interacciones corporales sumamente acotadas a
algunas partes del conjunto. Desde esa óptica el sexo virtual no sería ya
una distorsión monstruosa del real sino que pondría de manifiesto, más
aún, la densa nebulosa que subyace en las parejas.
El silencio está blindado como la verdad. Inútil tratar de violarlo con
la intención de saber qué piensa el otro. Cada cual podrá decir una banalidad
al paso para eludir lo inevitable. Pero el discurso emitido no va a
alcanzar. “Puedes fotografiar un paisaje –ejemplificó el pintor Francis
Picabia-. Pero no puedes conocer lo que tengo en la cabeza”. La frase
vale para resumir las tensiones que hay entre vida y lenguaje. Pero también
ayuda a comprender mejor la subjetividad. El abismo de lo personal
es una exhortación “a descender hasta esa fuerza extraña que nos
obliga a sondear los más tornasolados refugios, la riqueza indeterminada
e infinita, las promesas prohibidas”.
El juego erótico se compone fundamentalmente de alusiones y preguntas
vagas, en parte incentivadas por el deseo carnal. No hay afirmaciones
tajantes (no puede haberlas) ni declaraciones que puedan constatarse.
En eso el erotismo se parece a la literatura que también alude,
juega, rodea, cubre lo que empezó descubierto en una suerte de streap- tease al revés
como denomina Vargas Llosa al acto de narrar. Tampoco
lo que se dice en poemas y relatos puede probarse. Erotismo y arte
muestran y ocultan a la vez. La sexualidad crea lazos ficticios ya que la
soñada e imaginaria unión física y espiritual entre el hombre y la mujer
es irrealizable como absoluto. Resulta difícil superar ese antagonismo
que separa los términos desde un comienzo.
El desajuste raigal, más el carácter en cierto modo mecánico del acto,
genera desconcierto entre los artistas que se han dedicado al sexo como
tema recurrente. En uno de los innumerables procesos judiciales que
debió soportar el pintor George Grosz, el presidente del tribunal le preguntó
si era absolutamente necesario mostrar en primer plano lo feo, lo
miserable, la desnudez, lo triste. Grosz respondió como pudo. “Yo pienso
las cosas así como las expongo. La mayor parte de la humanidad no
tiene para mí algo más bello o agradable. Es igual si pienso en mujeres
o en escenas familiares (…) Yo veo las cosas como las veo, eso es
todo”.
¿Puede haber belleza en lo obsceno o en la muerte? ¿Es concebible
un erotismo de la fealdad? En el límite del deseo existe un camino de
iniciación. Pero al final del viaje no se arriba al prometido jardín de las
delicias sino al indeciso mar de lo innombrable. La pasión es trágica y
es inútil tapar las grietas de lo real. A la larga, cuando se derrite el
maquillaje, las arrugas asomarán de todos modos. “Contemplando a una
mujer me inclino a pensar en su esqueleto”, confesó Flaubert. Para
Leonardo da Vinci la cópula es atroz. Decía: “Si consideramos los
miembros que intervienen en el acto veremos una fealdad tal, que de no
existir la belleza de los rostros, las vestiduras de los amantes y su actitud
reservada, la naturaleza quedaría privada del género humano”. Es
posible que el denodado fervor de Leonardo por la anatomía lo haya confundido.
Pero quizás sea verdad que una exaltación extrema y absoluta
del “sexo puro” (sin velos reales o ficticios) lleve a la autoaniquilación
de los amantes. Eso se ve triste y brillantemente demostrado en El
imperio de los sentidos, la perturbadora película del japonés Nagisa
Oshima.
El erotismo no se resuelve en términos anatómicos y mucho menos
siguiendo criterios morales o estéticos determinados. La poética de los
cuerpos es y debe ser impura (“quien huye del mal gusto cae en el
hielo”, advertía Neruda)*vi. Algo indiscernible sobrevuela el trámite
físico entre hombres y mujeres. Y sea lo que sea pertenece, con seguridad,
al orden de la palabra y el misterio.
II
¿Adónde va el deseo cuando no sabe donde posarse?
Piedad Bonnett
La mujer. No abundan textos históricos acerca de la sexualidad
femenina. Sobran, en cambio, los referidos a la fecundidad. Semejante
omisión (o borradura) quizás tienda a ocultar el principal escándalo de
la cópula entablada entres seres humanos: su progresiva liberación de la
finalidad reproductiva. En el ritual erótico el placer compone un fin en
sí mismo. Hombres y mujeres se entregan al acto seguramente acompañados
por un personaje invisible y de valores múltiples. ¿El deseo?
¿La imaginación? ¿El amor?
Para un hombre la mujer es siempre una extranjera. Queriendo entender
algo la rodea sin hallar más que enigmas o, como se dice en el ámbito
psicoanalítico, orillando los bordes de lo real. Hay en el medio una
invitación anónima, un signo indescifrable, un entorno en cuyo centro
nace una pregunta sin respuesta. El silencio del cuerpo es la realidad
escondida del lenguaje Y el lenguaje es un accidente (el cuerpo) del
silencio. La mujer se torna protagonista de una escena ensayada en sordina.
El Kamasutra -escrito en forma de ley- advierte que no se puede
gozar de la mujer “si ella devela secretos”. Es una prohibición a la que
debía obedecer. También la mujer, como sucede en la pintura china, debe
su condición a lo inacabado. La más deseada y lejana se oculta y despierta
(de pronto) como la bella durmiente del bosque. Casi todo es
borroso alrededor. Ya no es tan bella ni tan durmiente. Ha despertado o
es protagonista de un sueño.
Desde siempre se han hecho intentos por acotar el silencio que la
mujer encierra en su mundo espiritual. El feminismo teme que esta
exaltación del misterio sea interpretada como encubierta negación del
género. Pero el problema no se resuelve eludiéndolo. La mujer es y no
es complemento del hombre. Es y no es lo otro. El alfarero hace girar
la vasija en torno a un hueco abierto en su interior. El arquitecto alza
muros que circundan volúmenes invisibles. Los artistas esculpen la
obra bordeando un hueco que, increíblemente, sostiene el andamiaje.
¿Anida en el vacío una metáfora posible de la mujer? Sería fácil atribuir
parte del arcano a una disposición genital poco elocuente. La representación
habitual del sexo femenino suele asociarse a una cavidad inestable,
cercada por entornos dilatables y contráctiles. Como ocurre con
tantos seres y cosas también el cuerpo femenino habla ocultándose.
Hay una zona que permanece distante, algo inasible que ningún otro
alcanzará. Es un velo inmaterial que se interpone entre la mujer y ella
misma, entre su identidad y su cuerpo, entre la palabra de donde deriva
su deseo y el silencio donde perpetua su goce. Pareciera incluso que el
lenguaje excluyera a la mujer de lo que puede ser representado.
Para hacerse ver y sobreponerse al histórico silenciamiento social,
sexual y cultural que arrastra, ella se afirma en el artificio. Adopta por
momentos un gesto varonil. Pero el mundo ha evolucionado en ese
aspecto; los roles cambian al margen de la configuración física. El despliegue
actual de ambigüedades sexuales enriquece el panorama: transexuales,
travestis, clonados, transgénicos, bisexuales, homosexuales,
cuerpos mixtos que trascienden la rígida polaridad masculino-femenino.
Pero ni la anatomía ni la psicología ni las novedades científicas alcanzan
a solucionar un dilema donde el silencio adquiere una resonancia
cada vez más fuerte.
La sexualidad femenina es más compleja que la del varón. La diferencia
se adensa más por el hecho de que históricamente la mujer ha
sido silenciada a la fuerza o mediante una perversa campaña de persuasión
cultural que a veces buscó y obtuvo su complicidad. De hecho, en
comparación con el hombre, las mujeres hablan menos libremente de
su sexualidad. Freud se esforzó por darle fin a este “profundo silencio”
(así lo llamó), al que comparó con “una puerta blindada” o “un muro
que clausura toda perspectiva”. Observó también que a la mujer no se
le otorga el derecho a la palabra (debe conquistarlo) y así acaba por no
poder ni querer hablar, por guardarse todo para ella, por crear en compensación,
y con fines de dominio, un suplemento de aparente debilidad:
la mujer simula y transforma toda palabra en un enigma.
Por momentos el sexo femenino se torna irreductible para los varones.
El protagonista de una conocida novela del argentino Juan José
Saer se muestra desconcertado frente a la inasible materialidad de su
mujer:
Bianco sentía que había en Gina algo desconocido, inabordable, un
elemento inesperado que escapaba a su dominio, un porcentaje de fuerza
indefinible que debía tener en cuenta en todos sus cálculos en adelante
y que únicamente podría manejar a ciegas sabiendo que, liberada,
esa fuerza era capaz de provocar reacciones imprevisibles y destructoras.
Esa condición inalcanzable de la mujer provoca en el hombre una
expectativa incrementada, algo parecido a la atracción que despiertan
esos seres que parecen no preocuparse por nosotros. Entre autosuficiente
y poderosa la mujer ya no envidaría el pene (como supone el psicoanálisis
tradicional al abordar el complejo de castración) sino que
sería ella la envidiada; el hombre en cambio parece haberse empobrecido,
casi vaciado en beneficio de su objeto de amor. Los comportamientos
engañan en todos los planos. “El hombre desea a la mujer tranquila,
pero la mujer es esencialmente lo contrario, por más que se esfuerce
en exhibir una apariencia de calma”.
Ni siquiera hay acuerdo sobre dónde se localiza exactamente el goce
de las mujeres. Lacan prefiere verlo ya no en el órgano y sus alrededores
inmediatos sino en toda la extensión corporal, una especie de “goce
total del ser que se opone al del órgano excluyente”. El hombre que
desee “escuchar” la voz finamente enguantada del cuerpo femenino tendrá
entonces que renunciar a las técnicas (si es que existen), olvidarse
incluso de las zonas consideradas erógenas, explorar con generosidad el
cuerpo entero de su compañera (y dejarse explorar por ella) hasta dar
juntos con la palabra interdicta, esa que se oculta en el punto X de un
territorio ignoto. “Todo el cuerpo femenino es una zona erógena”, resume
Freud en Tres ensayos de teoría sexual.



El miedo mayor del hombre está cifrado justamente en una duda, ¿y
si detrás de todas las máscaras no se escondiera ningún secreto? La pregunta
es inoperante. Sólo hay más velos debajo de los siete velos.
Quizás este llegando el momento de dejar el mutismo atrás, al menos
en su expresión más visible. Es lo que dice la boliviana Paula Benedict
(de Santa Cruz) en un artículo donde aborda la literatura erótica compuesta
por mujeres. “Debemos rasgar la cortina –proclama-. Debemos
entrar en el discurso, apoderarnos de él, mostrarlo como un pañuelo o
una bandera de desafío; debemos animarnos a desobedecer, porque a
pesar de haber estado sometidas por años al silencio, siempre hemos
lidiado con ese terreno irredimible de la dualidad, y nos hemos ingeniado
para parecer silenciosas mientras realizábamos los mayores actos de
rebeldía”.
III
Un cuerpo sin ropa es un mensaje complejo.
Caetano Veloso
El desnudo perdido. Cuando Colón llegó a estas tierras y vio
“gente desnuda” (así lo escribe en su diario de octubre de 1942) creyó
ver en las mujeres aborígenes “dríadas o ninfas salidas de las fuentes de
que hablan las antiguas fábulas”. El navegante miraba desde la compleja
asociación que su mente hacía con antiguos relatos oídos en su infancia.
Le costaba observar el esplendor singular de los cuerpos adánicos.
Así como pensamos convencionalmente solemos mirar también
desde el prejuicio o las ideas instituidas. Esto suele ocurrir en los talleres
de arte frente a la modelo desnuda. Pasado el primer impacto generado
por la prepotencia de formas no exentas de erotismo, el principiante
se calma, toma distancia y pinta o dibuja. Inicialmente no ve lo
que ve sino una serie confusa de figuraciones previas y adheridas a su
ojo programado: la idea mano, la idea piernas, la idea nalgas. La observación
atenta queda en suspensión y el resultado será seguramente
pobre. Pero si persiste en el intento aprenderá con el tiempo a mirar
solamente lo que ve. Milagrosamente verá aparecer en la tela un cuerpo
que hasta parecerá respirar. El artista debe vaciar su mirada para poder
ver las cosas nuevamente, como si fuera la primera vez.
El cuerpo humano empezó a desaparecer casi al mismo tiempo en que
apareció. Eva y Adán fueron precursores al cubrir sus genitales con
hojas de parra luego de ser desalojados del Paraíso. “Cuando Eva mordió
la manzana se dio cuenta Adán de que estaba desnuda. Pero Eva, sin
tiempo aún para vestirse, de momento era inocente como los lirios del
campo que no hilan ni tejen”xi. Suponer que el origen del silenciamiento
corporal está en las vestiduras no llevará muy lejos. Alphonse
Allais cuenta la historia de un pachá que, acaso por aburrimiento, pidió
que le trajeran una doncella. Los esbirros soltaron a sablazos las cintas
que sujetaban los vestidos de la elegida. El pachá, con el pensamiento
en otra parte, decía “sigan” cuando caía una prenda. Y “sigan” cuando
caía otra más. Una vez desnudada la joven por completo el pachá continuó
dando la misma orden. La esclava acabó despellejadaxii. Lo que
se había iniciado como un juego aparentemente destinado a alcanzar la
desnudez extrema terminó, como el afán sin límites de la pornografía,
en la atrocidad. Ningún cuerpo está desnudo jamás.
Hay un más allá del objeto que lo trasciende. Todo está y no está ahí.
El arte europeo ha tenido una fijación con el desnudo así como su filosofía
tuvo una fijación con la verdad. ¿La verdad al desnudo? Imposible.
Lo que en Occidente aparece libre de velos en Oriente adquiere una nueva
dimensión. El desnudo está casi ausente en China. Salvo unos grabados
muy antiguos donde se ven cuerpos que oscilan entre la ironía y la
adoración contemplativa (más alguna incursión furtiva en la pintura
erótica), los artistas chinos han rechazado lo demasiado expuesto. La
estética de ese país tiende a captar lo invisible a través de lo manifiesto.
Hasta puede ocurrir que los cuerpos se muestren desvestidos en una
pintura, pero todo transcurrirá sin estridencias, como buscando siempre
un no-lugar de indefinición y sutileza. Y todo en relación con el paisaje
difuminado, las transiciones, lo inacabado. “No sólo no se encuentran
desnudos en la tradición china, sino que, más radicalmente, todo en
ella habla de la imposibilidad del desnudo”.xiii
Tanto el cuerpo como la verdad se muestran evasivos. La ropa separa
definitivamente al humano del reino animal: sólo el hombre está o
puede estar desnudo. La exhibición puede ser rutinaria o incitante según
el caso. Pero raramente traspasará los límites de lo real irrealizado. A
unos centímetros todos los cuerpos son iguales. Y si la distancia es aún
menor el observador verá diluirse el conjunto en una serie informe de
líneas que poco a poco se irán velando (silenciando) hasta casi desaparecer.
“Vemos hombros, pechos, muslos, pies, montículos, hoyuelos y
nos maravillamos con su suavidad y su tibieza –dice Berger-. Sin
embargo todo ha sido velado; todo, por más íntimo que parezca, está
oculto detrás de un velo, porque la figura humana se esconde eternamente”.
El escritor hablaba de los desnudos de Renoir que, a su juicio,
producen algo sorprendente: las mujeres que presenta nunca están desnudas.
Ellas mismas y todo lo que las rodea está vestido, cubierto, por
el acto de la pintura. Renoir pintó centenares de desnudos que son los
menos evidentes y los más castos del arte europeo. “A mí –dijo el pintor
alguna vez- me gustan las pinturas que, si tratan de paisajes, invitan
a dar un paseo por ellos. Y si son figuras de mujeres, invitan a tocar
sus pechos (tetas, especificó Renoir, sería una traducción más ajustada
para la palabra) o su espalda”.
El sueño de la piel es inquietante. Y el cuerpo desnudo calla aún en
su mayor poder de impacto. A contramano de esta realidad la actual
industria del sexo habilita el alquiler y venta de imágenes del cuerpo de
hombres y mujeres sin ropas; la pornografía ha perdido su antiguo
poder transgresor para convertirse en una rama del comercio y la publicidad.
Lo que antes podía verse como sana subversión de valores litúrgicos
y prohibiciones arcaicas no es más que una nueva variante del
capitalismo salvaje. La modernidad desacraliza el cuerpo hasta aniquilarlo.
IV
Lo más profundo es la piel.
Paul Valéry
El desnudo encontrado. Sentado al borde de la cama, en absoluto
silencio, un hombre mira el cuerpo desnudo de una mujer. Las circunstancias
no importan. En ese acto no intervienen lo moral o lo inmoral. Hay un niño, en el fondo del hombre, que mira el mar por primera
vez. Desde la orilla del cabello hasta el nacimiento de los pechos
la espuma es levemente rosada. El niño/hombre escruta los rincones
como quien examina un paisaje. Ahora solo ve luces tenues, las similares
hendiduras de la boca y el sexo (mancha solar de la entrepierna), la
curva que se dibuja entre las nalgas, una sonrisa triste. La escena ocupa
casi todo el espacio de El mal de la muerte, un relato breve que
Marguerite Duras enhebró como siguiendo el fluir de la conciencia. El
hombre de la historia, acorralado por un final irremediable, le paga a una
joven al solo efecto de poder verla desnuda cada noche, durante muchos
días. El hombre está aquejado por un extraño mal: ya no puede amar.
“Qué raro –piensa ella. Un muerto”. Pero el muerto, cuando toca la piel
femenina, siente que la vida se le adhiere como el perfume a sus manos.
Sospecha que un cuerpo sin ropas está indefenso, que incita al amor y
a las vejaciones, que va a desaparecer como el resto de las cosas.
Duras exhibe un estilo que orilla la prosa poética, la palabra también
desnuda, el tono deliberadamente confesional. En El hombre sentado en
el pasillo, otro relato que la autora compuso cuando había cumplido los
70 años, la protagonista es una mujer que espía los encuentros eróticos
de una pareja. La descripción limpia y distante de esos entreveros de
sombras, adquiere por momentos la intensidad de lo sagrado. “Ella
–escribe- ha llegado a su lado, se acuclilla entre sus piernas, y la mira
a ella, sólo a ella, en la sombra que a su vez proyecta con su cuerpo.
Con esmero la pone por entero al desnudo. Separa la prenda. Extrae de
ella las partes profundas. Se aparta ligeramente, la expone a la luz. Veo
que el hombre ha bajado la cabeza y la mira, veo que mira junto a la
mujer ese espectáculo de sí mismo”. La observadora no sabe nada ni
quiere saberlo; desconoce la situación, apenas si ha escuchado decir te
amo desde el fondo del pasillo. El hombre grita. Con las manos aferradas
al cabello de la mujer intenta liberarse. Pero ya es tarde. Los cuerpos
se aniquilan mutuamente y desaparecen en el acto como un bosque
devorado por las llamas. El impacto inicial de la desnudez –la humedad,
la forma, los olores- ha sido superado. Las manchas de amor impresas
en las sábanas son huellas de un grito que ahora es, nuevamente, silencio.
Y eso es todo lo que queda.
Bianco, el ya citado protagonista de La ocasión (novela de Juan José
Saer) tiene dones extraños. Puede, si lo desea, leer el pensamiento de
los otros; es capaz de fundir los metales con los dedos. Y si se concentra,
además, hasta consigue desplazar objetos a distancia. No logra, sin
embargo, dilucidar la delicada prosa que emana del cuerpo desnudo y
vigoroso de Gina, su mujer. Por momentos es como si tuviera miedo
de que esa carne abundante segregara algún fluido mortífero. Una tarde,
mientras enjabona demoradamente la piel en fuga de la esposa, cree percibir
en el fondo el magma de la materia en acción. Bianco, el ocultista
que se siente víctima del positivismo europeo, el intelectual oscuro
que huye de la ciudad a la llanura, descubre con horror que el deseo de
Gina es independiente del suyo. Ella es como una ondulación que viene
de lejos y se va más lejos aún. Bianco la ve como una aglomeración
insensata de materia, como “una formación de sensaciones confusas y
deliciosas”. Pero cuando la toca –tras apagar la luz y hundirse como un
ciego entre las sábanas- presiente que “lo impalpable de adentro se le
escapa”. Sólo está pulsando una red de piel y nudos, una hermosa cápsula
donde circulan nervios y sangre humeante. No puede ir más allá.
Esta vez no se siente acorralado por el racionalismo sino por los celos,
por el vacío, por la convicción de que sus poderes se evaporan a medida
que aumentan sus riquezas materiales. La enrarecida fábula de Saer
resuelve finalmente en soledad una de las desnudeces humanas más atroces.
V
Y el mundo está lleno de esos seres
incompletos que andan en dos pies y
degradan el único misterio
que les queda: el sexo.
D.H. Lawrence
Escritura erótica. Ninguna acción se ejecuta al margen del discurso
que la envuelve. Ninguna palabra es ajena al cuerpo que la sostiene.
Cada vez que se menciona al Eros literario aparece una idea generalizada
según la cual erotismo es lo sugerido en tanto que la pornografía
sería lo explícito y brutal. La catalogación es inexacta y parcial.
Hay libros obscenos donde todo está efectivamente velado pero desprovisto
de calidad literaria. El conjunto deriva en una monotonía de formas
y posturas sin escape. Y hay obras consideradas pornográficas (los
excesos libertinos de Sade, películas “explícitas” como Une liaison pornographique
(traducida en la Argentina como Una relación particular) o
un célebre cuadro de Courbet (El origen del mundo) que, entre un sinfín
de ejemplos, difícilmente puedan objetarse como realizaciones artísticas
más allá de su franqueza al exhibir o nombrar la actividad sexual
y los órganos que participan en ella.
¿También aquí debe actuar una lógica binaria? Y en tal caso, ¿cuál
sería un criterio razonable de clasificación? La escritora argentina
Viviana Lysyj resuelve el tema con la palabra trascendencia. La autora
de Erotópolis es drástica en este punto. “La pornografía consiste en la
reproducción de escenas sexuales sin ningún sentido trascendente y con
una ambición estrictamente comercial –subraya-. Desde esa mirada por
ejemplo el Marqués de Sade no puede ser considerado porno dado que en
su obra hay filosofía y política, esto es, trascendencia”. Lysyj defiende
el riesgo estético y rechaza la escritura erótica que se limita (dice ella)
“a respetar los dictados del manual: una escena de menage a trois, una
dosis de sexo oral, un poco de sodomía y listo. Son libros intrascendentes
desde todo punto de vista”.
Un texto literario no debería agotarse en lo que describe, muestra o
dice. Esto es válido para toda escritura de ficción (también la erótica)
más allá de cualquier consideración genérica o temática. Pavese lo dice
mejor en su diario: “Quien describe la campiña, las cosas, colores y formas,
finezas y sensaciones, ¿por qué no describe del mismo modo cuerpos
de mujer –color, solidez, pelitos, concavidades, sexo? Es la misma
actitud”xiv.
Hablando de fotografía Barthes llama campo ciego a todo aquello que
no se ve en la imagen pero que persiste, más o menos aludido, fuera del
cuadro. El sexo puro es una ilusión que, llevada a sus últimas consecuencias,
puede conducir a la autoaniquilación de los amantes y del
espejo que intente contenerlos. La narración detallada de un coito resulta
tan abismal como contar una escena de violencia callejera o la melancolía
que producen los puertos al atardecer. Lo dicho no involucra en
modo alguno a las palabras utilizadas (a veces los autores deben usar las peores que ofrece el diccionario) ni al estilo ni a ningún otro elemento
lateral que no tenga que ver con una búsqueda de excelencia y profundidad.
Toda escritura es discontinua, erótica como un vestido que deja ver
sólo determinadas zonas en detrimento de otras. El acto de escribir se
ejerce en lugares privados, secretos, a veces tan riesgosos como un
encuentro sexual. La literatura erótica (si cabe esa calificación a manera
de género) lo es porque necesariamente involucra la pasión desplegada
de los cuerpos: muestra y oculta, dice y no dice, nada es ahí lo que
parece. No resulta raro que el solo acto de escribir –que antes de la computación
consistía en hacer fluir algo líquido, la tinta, volcado desde un
tubo sobre el papel en blanco- haya cobrado la significación simbólica
del coito.
El erotismo es a la sexualidad lo que la gastronomía al hambre; de
alguna manera significa el triunfo de la cultura por encima de un instinto
primario. Para los escritores la dificultad se presenta a la hora de
mencionar nítidamente el nombre de los órganos que participan de la
cópula. Acerca del tema habló Julio Cortázar, y de manera raramente
explícita para él, a fines de los sesenta. “En toda mi obra no he sido
capaz de escribir ni una sola vez la palabra concha, que por lo menos
en dos ocasiones me hizo más falta que los cigarrillos”. ¿Por qué no
pudo usarla? El propio autor se ocupó de responder poniendo en duda el
lenguaje erótico tradicional y rechazando lo que denominó “realismo de
ojo de cerradura ginecológica”.xv A cambio propuso “desflorar el idioma”
sin perder por ello delicadeza. Propuso eliminar tabúes. Mencionó
como ejemplo La señorita Cora, en su opinión el relato más erótico que
escribió pese a que transcurre en un ambiente hospitalario y en apariencia
neutro. Lo hizo al defender un erotismo fuera de contexto, no
necesariamente envuelto en sábanas, suspiros y alcobas.
El goce no habla. Puede asomar en las entrelíneas (las rasgaduras)
pero raramente en el cuerpo textual. Barthes dice que los libros eróticos
representan no tanto la escena del coito (que se agota rápidamente) como
su preparación, la progresión del acto, el silencio de la palabra y la
acción demorada de los cuerpos. Vistos así serían libros de deseo y no
de placer. El resultado suele ser un murmullo decepcionante, una “succión
sin objeto” como acertadamente denominó el jesuita Van Ginneken
al hiato que, en este campo y en otros, se produce entre lenguaje y escritura.
Hay un gran torrente imaginario que da vida y color a la erótica textual,
a lo que se oculta, al discurso imposible que da vueltas en torno a
un vacío inabordable. Para Bataille el erotismo debe permanecer callado.
El pensador y narrador francés lo define por el secreto y no por la
exposición. Es verdad que las grandes obras eróticas pertenecen más a
una época signada por una tradición represiva que a un presente señalado
por la liberación de costumbres. Lo que sigue actuando es una ausencia
(la falta) y el inevitable obstáculo que sostiene a cualquier narración.
La literatura erótica rodea y protege el silencio como forma de posibilitar
la circulación del deseo que, desde la otra orilla, la pornografía clausura
por completo.
El pornógrafo destruye el sentido sagrado del acontecimiento erótico.
Desaparece la angustia o la culpa, los límites sociales se diluyen hasta
evaporarse y el sexo se desentiende por completo de lo afectivo. Todo
parece resolverse en un goce infinito y extrañamente constante. La realidad
última no es ya presencia sino una ecuación (o eyaculación) que
se agota en sí misma. Con ayuda de la barbarie tecnológica el poder del
dinero deshumaniza los vínculos, concentra el esfuerzo en la pura mostración
de miembros siempre enhiestos y dispuestos al acto como
robots. Se trata de una degradación de la imagen a la que debe añadirse
el uso y abuso de los cuerpos con fines comerciales y publicitarios y,
como consecuencia de tamaña distorsión, la desangelada servidumbre
sexual. Harto ya de la moda pornográfica George Steiner reaccionó con
acritud luego de hojear el Olimpia Reader: “Al cabo de cincuenta página
de pezones endurecidos, de muslos que se abren suavemente de ríos
tórridos que entran y salen de la extasiada anatomía, el espíritu se subleva,
no por escándalo hipócrita, no porque yo sea un pobre puritano que
sofoca su libido sino por puro, nauseabundo aburrimiento. ¡La fornicación
no puede ser así de sosa y tan desesperadamente previsible!”xvi.
Narrar lo sexual es tan abismal como contar la muerte, silencio
mayor de la existencia. Por algo suele decirse que el amor es una necesidad
de ahogarse, una rara tentación de profundidad que, al menos en
ese aspecto, se parece demasiado a la muerte. Así se explica que sólo
las naturalezas eróticas posean un sentido cabal de lo finito, de lo que
empieza y termina inevitablemente. Amando se desciende hasta las raíces
de la vida, hasta la frialdad fatal de la muerte. En el abrazo no hay
rayo que pueda traspasar los límites. Y aún así las ventanas se abren
hacia el espacio infinito a fin de que cada uno pueda precipitarse en esa
tierra ignota. Hay mucho de felicidad e infelicidad en los altibajos pasionales.
Y el corazón (curiosa metáfora anatómica de un sentimiento no
localizado) resulta muy estrecho para medir las dimensiones mutantes.
“En el fondo amamos para defendernos del vacío de la existencia”, propone
Cioran. En la misma línea podría añadirse que el acto de erotizar
el lenguaje apunta a dar a luz una prosa liberada, hasta donde sea posible,
de la atrozmente visible opacidad de lo real.

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Propuesta de cine - Sensual



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Pintura y Sensualidad en grandes Artistas









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Pintura y Sensualidad en grandes Artistas









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Propuesta de cine



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Propuesta de cine



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"Picasso: el cuerpo a cuerpo con la pintura" Octavio Paz







Octavio Paz
"Picasso: el cuerpo a cuerpo con la pintura"

El Museo Tamayo inicia sus actividades con una exposición de Pablo Picasso. Se trata de una antología cronológica, a un tiempo exigente y generosa, de modo que el visitante, al recorrerla, puede seguir la evolución del pintor a través de una sucesión de obras —pinturas, esculturas, grabados— que corresponden a cada periodo del artista. Se cumple así uno de los propósitos de los fundadores, Rufino y Olga Tamayo: convertir al Museo en un centro mexicano de irradiación del arte vivo de nuestra época. En México, como quizá algunos recuerden, se celebró en junio de 1944 una exposición de Picasso. Aunque fue un acontecimiento memorable, como esfuerzo y por su intrínseco valor artístico, es indudable que la exposición que ahora ofrece el Museo Tamayo es más vasta, variada y representativa. Al fin el público de México podrá tener una visión viva y directa del mundo de Picasso. En este mismo catálogo un gran conocedor del arte moderno, William Lieberman, conservador de arte contemporáneo del Museo Metropolitano de Nueva York, describe con sensibilidad y competencia las características de esta exposición y subraya su importancia histórica y estética. Para evitar repeticiones inútiles, me pareció preferible resumir, rápidamente, en unas cuantas páginas, lo que siente y piensa hoy, en 1983, un escritor mexicano ante la obra y la figura de Picasso. No es ni un juicio ni un retrato: es una impresión.
La vida y la obra de Picasso se confunden con la historia del arte del siglo XX. Es imposible comprender a la pintura moderna sin Picasso pero, asimismo, es imposible comprender a Picasso sin ella. No sé si Picasso es el mejor pintor de nuestro tiempo; sé que su pintura, en todos sus cambios brutales y sorprendentes, es la pintura de nuestro tiempo. Quiero decir: su arte no está frente, contra o aparte de su época; tampoco es una profecía del arte de mañana o una nostalgia del pasado, como ha sido el de tantos grandes artistas en discordia con su mundo y su tiempo. Picasso nunca se mantuvo aparte, ni siquiera en el momento de la gran ruptura que fue el cubismo. Incluso cuando estuvo en contra, fue el pintor de su tiempo. Extraordinaria fusión del genio individual con el genio colectivo... Apenas escrito lo anterior, me detengo. Picasso fue un artista inconforme que rompió la tradición pictórica, que vivió al margen de la sociedad y, a veces, en lucha contra su moral. Individualista salvaje y artista rebelde, su conducta social, su vida íntima y su estética estuvieron regidas por el mismo principio: la ruptura. ¿Cómo es posible, entonces, decir que es el pintor representativo de nuestra época?
Representar significa ser la imagen de una cosa, su perfecta imitación. La representación requiere no sólo el acuerdo y la afinidad con aquello que se representa sino la conformidad y, sobre todo, el parecido. ¿Picasso se parece a su tiempo? Ya dije que se parece tanto que esa semejanza se vuelve identidad: Picasso es nuestro tiempo. Pero su parecido brota, precisamente, de su inconformidad, sus negaciones, sus disonancias. En medio del barullo anónimo de la publicidad, se preservó; fue solitario, violento sarcástico y no pocas veces desdeñoso; supo reírse del mundo y, en ocasiones, de sí mismo. Esos desafíos eran un espejo en el que la sociedad entera se veía: la ruptura era un abrazo y el sarcasmo una coincidencia. Así, sus negaciones y singularidades confirmaron a su época: sus contemporáneos se reconocían en ellas, aunque no siempre las comprendiesen. Sabían obscuramente que aquellas negaciones eran también afirmaciones; sabían también, con el mismo saber oscuro, que cualquiera que fuese su tema o su intención estética, esos cuadros expresaban (y expresan) una realidad que es y no es la nuestra. No es la nuestra porque esos cuadros expresan un más allá; es la nuestra porque ese más allá no está antes ni después de nosotros sino aquí mismo: es lo que está dentro de cada uno. Más bien, lo que está abajo: el sexo, las pasiones, los sueños. Es la realidad que lleva dentro cada civilizado, la realidad indomada.
Una sociedad que se niega a sí misma y que ha hecho de esa negación el trampolín de sus delirios y sus utopías, estaba destinada a reconocerse en Picasso, el gran nihilista y, asimismo, el gran apasionado. El arte moderno ha sido una sucesión ininterrumpida de saltos y cambios bruscos; la tradición, que había sido la de Occidente desde el Renacimiento, ha sido quebrantada, una y otra vez, lo mismo por cada nuevo movimiento y sus proclamas que por la aparición de cada nuevo artista. Fue una tradición que se apoyó en el descubrimiento de la perspectiva, es decir, en una representación de la realidad que depende, simultáneamente, de un orden objetivo (la óptica) y de un punto de vista individual (la sensibilidad del artista). La perspectiva impuso una visión del mundo que era, al mismo tiempo, racional y sensible. Los artistas del siglo XX rompieron esa visión de dos maneras, ambas radicales: en unos casos por el predominio de la geometría y, en otros, por el de la sensibilidad y la pasión. Esta ruptura estuvo asociada a la resurrección de las artes de las civilizaciones lejanas o extinguidas así como a la irrupción de las imágenes de los salvajes, los niños y los locos. El arte de Picasso encarna con una suerte de feroz fidelidad —una fidelidad hecha de invenciones— la estética de la ruptura que ha dominado a nuestro siglo. Lo mismo ocurre con su vida: no fue un ejemplo de armonía y conformidad con las normas sociales sino de pasión y apasionamientos. Todo lo que, en otras épocas, lo habría condenado al ostracismo social y al subsuelo del arte, lo convirtió en la imagen cabal de las obsesiones y los delirios, los terrores y las piruetas, las trampas y las iluminaciones del siglo XX.
La paradoja de Picasso, como fenómeno histórico, consiste en ser la figura representativa de una sociedad que detesta la representación. Mejor dicho; que prefiere reconocerse en las representaciones que la desfiguran o la niegan: las excepciones, las desviaciones y las disidencias. La excentricidad de Picasso es arquetípica. Un arquetipo contradictorio, en el que se funden las imágenes del pintor, el torero y el cirquero. Las tres figuras han sido temas y alimento de buena parte de su obra y de algunos de sus mejores cuadros: el taller del pintor con el caballete, la modelo desnuda u los espejos sarcásticos; la plaza con el caballo destripado, el matador que a veces es Teseo y otras un ensangrentado muñeco de aserrín, el toro mítico robador de Europa o sacrificado por el cuchillo: el circo con la caballista, el payaso, la trapecista y los saltimbanquis en mallas rosas y levantando pesos enormes ("y cada espectador busca en sí mismo el niño milagroso/Oh siglo de nubes"). El torero y el cirquero pertenecen al mundo del espectáculo pero su relación con el público no es menos ambigua y excéntrica que la del pintor. En el centro de la plaza, rodeado por las miradas de miles de espectadores, el torero es la imagen de la soledad; por eso, en el momento decisivo, el matador dice a su cuadrilla la frase sacramental: ¡Dejarme solo! Solo frente al toro y solo frente al público. Aún más acentuadamente que el torero, el saltimbanqui es ele hombre de las afueras. Su casa es el carro del circo nómada. Pintor, torero y saltimbanqui: tres soledades que se funden en una estrella de seis puntas.
Es difícil encontrar paralelos de la situación de Picasso, a la vez figura representativa y excéntrica, estrella popular y artista huraño. Otros pintores, poetas y músicos conocieron una popularidad semejante a la suya: Rafael, Miguel Ángel, Rubens, Goethe, Hugo, Wagner. La relación entre ellos y su mundo fue casi siempre armónica, natural. En ninguno de ellos aparece esa relación peculiar que he descrito más arriba. No había contradicción: había distancia. El artista desaparecía en beneficio de la obra: ¿qué sabemos de Shakespeare? La persona se ocultaba y así el poeta o el pintor conquistaban una lejanía que era también una imparcialidad superior. Entre la Inglaterra de Isabel y el teatro de Shakespeare no hay oposición pero tampoco, como en la Edad Moderna, confusión. La diferencia entre uno y otra consiste en que, en tanto que Shakespeare sigue siendo actual, Isabel y su mundo ya son historia. En otros casos, el artista y su obra desaparecen con la sociedad en que vivieron. No sólo los poemas de Marino eran leídos por los cortesanos y los letrados sino que los príncipes y los duques lo perseguían con sus favores y sus odios; hoy el poeta, sus idilios y sonetos son apenas nombres en la historia de la literatura. Picasso no es Marino. Tampoco es Rubens, que fue embajador y pintor de corte: Picasso rechazó los honores y los encargos oficiales y vivió al margen de la sociedad —sin dejar nunca de estar en su centro. Para encontrar a un artista cuya posición haya sido parecida a la de Picasso hay que volver los ojos hacia una figura de la España del XVII. No es pintor sino un poeta: Lope de Vega. Entre Lope y su mundo no hay discordia; hay sí, la misma relación excéntrica entre el artista y su público. El destino de Picasso en el siglo XX no ha sido más extraño que el de Lope en el XVII: autor de comedias y fraile adúltero adorado por un público devoto.
Las semejanzas entre Picasso y Lope de Vega son tantas y de tal modo patentes que apenas si es necesario detenerse en ellas. La más visible es la relación entre la variada vida erótica de los dos artistas y sus obras. Casi todas ellas —novelas o cuadros, esculturas o poemas— están marcadas o, más exactamente: tatuadas, por sus pasiones. Pero la correspondencia entre sus vidas y sus obras no es simple ni directa. Ninguno de los dos concibió al arte como confesión sentimental. Aunque la raíz de sus creaciones fue pasional, la elaboración fue siempre artística. Triunfo de la forma o, más bien, transfiguración de la experiencia vital de la forma: sus cuadros y poemas no son testimonios de sus vidas sino sorprendentes invenciones. Estos dos artistas arrebatados fueron siempre fieles al principio cardinal de todas las artes: la obra es una composición. Otra semejanza; la abundancia y la variedad de las obras. Fecundidad pasmosa, inagotable —e incontable. Por más que se afanen los eruditos, ¿llegaremos cuántos sonetos, romances y comedias escribió Lope, cuántos cuadros pintó Picasso, cuántos dibujos dejó y cuántas esculturas y objetos insólitos? En los dos la abundancia fue maestría. En los momentos débiles, es maestría era mera habilidad; en otros, los mejores, se confundía con la más feliz inspiración. El tiempo es el tema del artista, su aliado y su enemigo: crea para expresarlo y, asimismo, para vencerlo. La abundancia es un recurso contra el tiempo y, también, un riesgo: hay muchas obras de Lope y de Picasso fallidas por la prisa y la facilidad. Otra, sin embargo, gracias a esa misma facilidad, poseen la perfección más rara: la de los objetos y seres sobrenaturales. La de la hormiga y la gota de agua.
En la vida pública los dos artistas encontraron la misma desconcertante fusión entre extravagancia y facilidad. La agitación de la vida privada de Lope y su nomadismo sentimental contrasta con su aceptación de los valores sociales y su docilidad frente a los grandes de este mundo. Picasso tuvo más suerte: la sociedad en que le tocó nacer ha sido mucho más libre que la en la España del siglo XVII. Pero soy injusto al atribuir la independencia de Picasso a la suerte: fue intransigente y leal consigo mismo y con la pintura. Nunca quiso agradar al público con su arte. Tampoco fue el instrumento de las maquinaciones de las galerías y los mercaderes. En esto fue ejemplar, sobre todo ahora que vemos a tantos artistas y escritores correr con la lengua de fuera tras la fama, el éxito y el dinero. Dos lepras y una sola degradación: la sumisión a los dogmas ideológicos y la prostitución ante el mercado. El partido o el best—sellerismo y la galería. Sin embargo, no todo favorece a Picasso en esta comparación. Lope fue familiar de la Inquisición y al final de sus días, en virtud de su cargo, tuvo que asistir a la quema de un hereje. La índole de la sociedad en que vivía hace comprensible este triste episodio; en cambio, ¿por qué Picasso escogió adherirse al partido comunista precisamente en el momento del apogeo de Stalin?... En fin, todas las semejanzas entre el poeta y el pintor se resuelven en una: su inmensa popularidad no estuvo reñida con la complejidad y la perfección de muchas de sus creaciones. Lo decisivo sin embargo, fue la magia personal. Insólita mezcla de la gracia del torero y su arrojo mortal, la melancolía del cirquero y su desenvoltura, el garbo popular y la picardía. Magia hecha de gestos y desplantes, en la que el genio del artista se alía a los trucos del prestidigitador. A veces la máscara devora el rostro del artista. Pero las máscaras de Lope y de Picasso son rostros vivos.
Las semejanzas no deben ocultar las diferencias. Son profundas. Dos corrientes alimentan el arte de Lope: las formas dela poesía tradicional y las renacentistas. Por lo primero, sus raíces se hunden en los orígenes de nuestra literatura; por lo segundo, se inserta en la tradición del humanismo grecorromano. Así, Lope es europeo por partida doble. En su obra apeas si hay ecos de otras civilizaciones; sus romances morisco, por ejemplo, pertenecen a un género profundamente español. Lope vive dentro de una tradición, en tanto que el universo estético de Picasso se caracteriza, justamente, por la ruptura de esa tradición. Las figurillas hititas y fenicias, las máscaras negras, las esculturas de los indios americanos, todos son objetos que son el orgullo de nuestros museos, eran obras demoníacas para los europeos contemporáneos de Lope. Después de la caída de México—Tenochtitlán, los horrorizados españoles enterraron en la plaza central de la ciudad a la colosal estatua de la Coatlicue: corroboraron así que los poderes de esa escultura pertenecen al dominio que Otto llamaba mysterium tremendum. En cambio, para el amigo y compañero de Picasso, el poeta Apollinaire, los fetiches de Oceanía y Nueva Guinea eran "Cristos de otra forma y de otra creencia", manifestaciones sensibles de "obscuras esperanzas". Por eso dormía entre ellos como un devoto cristiano entre sus reliquias y símbolos. La ruptura de la tradición del humanismo clásico abrió las puertas a otras formas y expresiones. Baudelaire había descubierto a la hermosura bizarre; los artistas del siglo XX descubrieron —más bien: redescubrieron— la belleza horrible y sus poderes de contagio. La hermosura de Lope se rompió. Entre los escombros aparecieron las formas y las imágenes inventadas por otros pueblos y civilizaciones. La belleza fue plural y, sobre todo, fue otra.
El arte de Occidente, al recoger y recrear las imágenes que había dejado el naturalismo idealista de la Antigüedad clásica, consagró a la figura humana como el canon supremo de la hermosura. El ataque del arte moderno contra la tradición grecorromana y renacentista fue sobre todo una embestida contra la figura humana. La acción de Picasso fue decisiva y culminó en el periodo cubista: descomposición y recomposición de los objetos y del cuerpo humano. La irrupción de otras representaciones de la realidad, ajenas a los arquetipos de Occidente, aceleró la fragmentación y la desmembración de la figura humana. En las obras de muchos artistas la imagen del hombre desapareció y con ella la realidad que ven los ojos (no la otra realidad: los microscopios y los telescopios han mostrado que los artistas no figurativos, como el resto de los hombres, no pueden escapar ni de las formas de la naturaleza ni de las de la geometría). Picasso se ensañó con la figura humana pero no la borró; tampoco se propuso, como tantos otros, la sistemática erosión de la realidad visible. Para Picasso el mundo exterior fue siempre el punto de partida y el de llegada, la realidad primordial. Como todo creador, fue un destructor; también fue un gran resucitador. Las figuras mediterráneas que habitan sus telas son resurrecciones de la hermosura clásica. Resurrección y sacrificio: Picasso peleaba con la realidad en un cuerpo a cuerpo que recuerda los rituales sangrientos de Creta y los misterios de Mitra en la época de la decadencia. Aquí aparece otra gran diferencia con los artistas del pasado y con muchos de sus contemporáneos: para Picasso la historia entera es un presente instantáneo, es actualidad pura. En verdad, no hay historia: hay obras que viven en un eterno ahora.
Como todo el arte de este siglo, aunque con mayor encarnizamiento, el de Picasso está recorrido por una inmensa negación. Él lo dijo alguna vez "para hacer, hay que hacer en contra...". Nuestro arte ha sido y es crítico; quiero decir, en las grandes obras de esta época —novelas o cuadros, poemas o composiciones musicales— la crítica es inseparable de la creación. Me corrijo: la crítica es creadora. Crítica de la crítica, crítica de la forma, crítica del tiempo en la novela y del yo de la poesía, crítica de la figura humana y de la realidad visible en la pintura y en la escultura. En Marcel Duchamp, que es el polo opuesto de Picasso, la negación del siglo se expresa como crítica de la pasión y de sus fantasmas. El Gran vidrio, más que un retrato, es una radiografía: la Novia es un aparato fúnebre y risible. En Picasso las desfiguraciones y deformaciones no son menos atroces pero poseen un sentimiento contrario: la pasión hace la crítica de la forma amada y por eso sus violencias y sevicias tienen la crueldad inocente del amor. Crítica pasional, negación corporal. Las desgarraduras, tarascadas, navajazos y descuartizamientos que inflige al cuerpo son castigos, venganzas, escarmientos: homenajes. Amor, rabia, impaciencia, celos: adoración de las formas alternativamente terribles y deseables en que se manifiesta la vida. Furia erótica ante el enigma de la presencia y tentativa por descender hasta el origen, el hoyo donde se confunden los huesos con los géneros.
Picasso no ha pintado a la realidad: ha pintado el amor a la realidad y el horror a ser reales. Para él la realidad nunca fue bastante real: siempre le pidió más. Por eso la hirió y la acarició, la ultrajó y la mató. Por eso la resucitó. Su negación fue un abrazo mortal. Fue un pintor sin más allá, sin otro mundo, salvo el más allá del cuerpo que es, en verdad, un más acá. En eso radica su gran fuerza y su gran limitación... En sus agresiones en contra de la figura humana, especialmente la femenina, triunfa siempre la línea del dibujo. Esa línea es un cuchillo que destaza y una varita mágica que resucita. Línea viva y elástica: serpiente, látigo, rayo; línea de pronto chorro de agua que se arquea, río que se curva, tallo de álamo, talle de mujer. La línea avanza veloz por la tela y a su paso brota un mundo de formas que tienen la antigüedad y la actualidad de los elementos sin historia. Un mar, un cielo, unas rocas, una arboleda y los objetos diarios y los detritus de la historia: ídolos rotos, cuchillos mellados, el mango de una cuchara, los manubrios de la bicicleta. Todo vuelve otra vez a la naturaleza que nunca está quieta y que nunca se mueve. La naturaleza que, como la línea del pintor, perpetuamente inventa y borra lo que inventa... ¿Cómo verán mañana esta obra tan rica y violenta, hecha y deshecha por la pasión y la prisa, por el genio y la facilidad?

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El erotismo en los cuentos de Azul... de Rubén Darío


El erotismo en los cuentos de Azul... de Rubén Darío
como propuesta vital
Juan Pablo Patiño Káram


Gozad la carne, ese bien que nos
hechiza
Y después se tornará en ceniza
Rubén Darío
¡Amar, reír! La vida es corta.
Gozar de abril es lo que importa
En el primer loco delirio.
Rubén Darío
Rubén Darío presenta en los cuentos de Azul... una propuesta vital donde una escritura erótica
y festiva degrada las formas establecidas. El juego que plantea en la sensualidad -instrumento de
desvanecimiento irónico del ser, la palabra, la imagen, la identidad- establece una dinámica de
celebración que a su vez es una afirmación vivencial.
El erotismo es una expresión estética de la sexualidad. Trasciende la naturaleza reproductora de
ésta para afirmar la independencia del goce y con ello una exhuberancia de vida. El erotismo se
plantea fundamentalmente como “aprobación de la vida hasta en la muerte” que no puede ser
tomando en cuenta sino está considerado desde la perspectiva vivencial del hombre “como una
experiencia vinculada a la vida; no como objeto de una ciencia, sino como objeto de la pasión o,
más profundamente como objeto de una contemplación poética”
El ser es presentado, las más de las veces, como fuera de la pasión, de manera objetivada. En ese
sentido, como afirma Bataille, el ser está pretendidamente conformado primitivamente como
discontinuo, como delimitado del mundo por su propia identidad. El erotismo se plantea como
agente dinámico que trasciende al ser, quien se desdobla bordeando sus propios límites y penetrando
a la continuidad. El hombre se pierde en la fusión deviniendo a través de un acto fundamentalmente
violento. Es un deseo de comunicación que abre los cuerpos de su estructura cerrada. Es principio
de destrucción para los participantes del juego de la carne que los coloca en el umbral de sí mismos.
Es el “terreno del erotismo [...] esencialmente el terreno de la violencia, de la violación”.
Conduce al arrancamiento del ser respecto a esa discontinuidad.
En el erotismo el deseo angustioso de una perennidad en el placer se vuelve a sí mismo para
eternizarse. Es una obsesión de penetración. Degradación que apunta en el último grado a una
dimensión sacra. La continuidad absoluta es primigeniamente hierática. En ese devenir los seres se
funden y se pierden momentáneamente bordeando la eternidad de la completa dialogización de los
cuerpos. Una anulación de los límites de la identidad (paralela a la muerte) acontece provocando
una emancipación temporal que sugiere un “más allá de lo real inmediato” . Es el erotismo una
violación del ser que confina con el acto de la muerte, que culmina en desfallecimiento y en el
extravío de la discontinuidad.
El deseo es entonces una “sensualidad aberrante” que proclama una independencia del goce
en ese sentir del vértigo del abismo que provoca la continuidad. El hombre en la penetración de la
alteridad supera la angustia que le provoca. Por ello el erotismo es simétrico a la muerte y en su
juego de disolución acaece “una fascinación fundamental” por ella.
La desnudez como manifestación explicita de las formas es el estado decisivo de la fusión. Los
cuerpos se abren bajo esa trasgresión instaurando un sentimiento de obscenidad cuya naturaleza
perturba su estado cerrado. El ser desposeído de sí mismo se derrama en otro. Ello implica una
disolución de las formas constituidas que incluye no sólo la materialidad sino la dimensión
psicológica y social que nos constituye.
La pretensión erótica es entonces aleatoria. No hay formas definidas que lo conformen lo que le
proporciona un proceso de liberación. Desafía lo establecido para afirmar la vida embriagada de
placer. El erotismo es una expresión de una dimensión interior que reforma la sexualidad. Es una
manifestación en donde voluntariamente el hombre se trasciende a sí mismo en el otro, donde su
identidad se pierde. Las formas establecidas, que se defienden por medio de la prohibición, son
transgredidas. Pero esa trasgresión implica necesariamente la existencia de esa prohibición. El deseo
entonces infringe a su contrario implicándolo. Ambivalencia que emancipa.
De esta manera “en muchos sentidos el erotismo es, como ruptura consciente de la ley, un limite
de las palabras, ahí donde la trasgresión encuentra su espacio para hablar y ser hablada” . La
palabra en ese umbral se adecua con la sensualidad y adquiere sus características: ausencia de
distinción de las formas, confusión, ambivalencia y ambigüedad de los objetos que conduce a la
eternidad. El erotismo es sexualidad trasfigurada, expresada ambiguamente diferente, es pues
metáfora. La poseía “está hecha de palabras enlazadas que despiden reflejos [...] nos revela otro
mundo dentro de este mundo, el mundo otro que es este mundo [...] su realidad real [...] se dispersa
en una cascada de sensaciones que, a su vez se disipan” . El erotismo es una búsqueda de la
independencia del goce que acontece guiado por la imaginación y la creación en los cuales acontece
un desdoblamiento que apunta a una fusión con lo otro: la discontinuidad deviene continuidad en el
placer. La poesía es “placer [que] es un fin en sí mismo [...] el poema no aspira ya a decir sino a
ser” . El encuentro erótico comienza con la visión del cuerpo deseado, cuerpo que es una
presencia: “materia concreta [...] que, no obstante, es ilimitada”. No existe entonces una diferencia
real entre la poesía y el erotismo.
El erotismo del que aquí hablo es deliberadamente festivo y con ello antisolemne. Siendo la
prohibición algo admitido, incluso prescrito, todas sus posibilidades son susceptibles de ser
infringidas. En el deslizamiento del ser la subversión obtiene sentido. Lo sagrado, que es lo
pretendidamente establecido por antonomasia, se convierte en objeto de ilimitadas transgresiones.
Por excelencia “el tiempo sagrado es la fiesta” . En el proceso liberador que plantea las
subversiones acaece exasperando el deseo. Se exalta la sexualidad, “los impulsos tumultuosos [se]
liberan en la fiesta” que es regida por la violencia. La celebración apunta a al ser incompleto,
abierto y mutable. Lo festivo, como expresión de erotismo, libera planteando una fusión que es a la
vez un igualamiento y un acercamiento de lo heterogéneo y lo contrario. La actitud lúdica de lo
festivo se extiende a todos los valores, ideas, fenómenos y cosas, lo cual “compromete y conjuga lo
sagrado con lo profano, lo alto con lo bajo, lo grande con lo miserable, lo sabio con lo
estúpido.”
Esta disolución de formas y límites es expresada en la acentuación de las imágenes del cuerpo, la
bebida y la satisfacción de las necesidades naturales. La carne con su carácter mundano e imperfecto
a través de su comunicación con lo otro actúa como aniquilador de todo lo elevado y establecido:
“expresa la alegría de las sucesiones y reencarnaciones, la alegre relatividad y la negación de la
identidad y del sentido único, la negación de la estúpida auto identificación y coincidencia consigo
mismo” . Acontece en el erotismo festivo un culto a la belleza, pero es un culto trasgresor. La
belleza es deseada para ser ensuciada, burlada, violada.
El cuerpo, el placer, el erotismo, la poesía son ejes de libertades individuales donde la violencia,
la violación, la ironía, el humor, la burla, la fiesta, la celebración y la ridiculización ocupan un lugar
céntrico. Ello “Permite mirar con nuevos ojos el universo, comprender hasta que punto lo existente
es relativo, y en consecuencia, permite comprender la posibilidad de un orden distinto del
mundo”.
Ese orden distinto es para Bajtín, primordialmente ambivalente, a la vez que degrada y mortifica,
regenera y renueva. Interpreta a la vez que su muerte, su propio renacimiento y renovación,
situándose en el umbral de la realidad y el arte. Toda degradación corresponde a una renovación. A
toda aniquilación le sigue un renacimiento abierto al infinito. El erotismo y su símil la muerte, la
poesía y lo festivo, se concatenan para perder al ser destruyendo sus límites. Hay una disolución que
apunta a una insurgencia y a la vez a un renacimiento que es una aprobación de la vida.
En los cuentos de Azul... se establece una mecánica de descripción erótica que desvanece las
formas. No sólo se presenta una clara diégesis que apunta a deshilvanar los límites de los objetos
sino que expresamente acontece un culto a la sensualidad. En Rubén Darío está “en el centro de sus
pensamientos la hembra, un poco al modo pagano, carnal y disfrutable por los sentidos” .
Descripción de cuerpos y sexualidad conforman una poética sobre la cual se basará una
construcción erótica que utiliza como estrategia la fusión de diferentes artes para establecer una
dinámica de continuidad: culto a la sexualidad que es trasgresión y muerte es a la vez origen y
principio.
En “La Ninfa” desde el título refiere a una dimensión sensual. Ellas eran “doncellas graves y
hermosas; verlas podría provocar la locura y, si estaban desnudas, la muerte” . La protagonista
“Lesbia” es construida a partir de sus características y acciones eróticas: “actriz caprichosa y
endiablada” se entretenía en “chupar como niña golosa, un terrón de azúcar húmedo, blanco entre
las yemas sonrosadas [...] rostro encendido, de mujer hermosa, estaba como resplandeciente de
placer”. Sus deseos muestran la pretensión sexual de ser violentada y perderse en el juego de la
carne: “mi amante sería uno de esos velludos semidioses. Os advierto que más que a los sátiros
adoro a los centauros; y que me dejaría robar por uno de esos monstruos robustos”.
Los mismos deseos del narrador refieren a la desnudez, a las ninfas cuya belleza conduce a la
locura o a la muerte, a perderse en la inmensidad: “¡Oh!, exclamé para mí, ¡las ninfas! Yo desearía
contemplar esas desnudeces de los bosques y de las fuentes, aunque, como Acteón, fuese
despedazado por los perros”
La narración se construye yuxtaponiendo imágenes que bajo la poética expuesta se desbordan
para fundirse con lo otro. Existen de manera continua en un estado abierto la armonía y la belleza
dentro de un marco de dinamismo y esplendidez, de ritmos y ondulaciones, de penetración y
deslumbramiento.
Era la hora del chartreuse. Se veía en los cristales de la mesa como una disolución
de piedras preciosas, y la luz de los candelabros se descomponía en las copas medio
vacías, donde quedaba algo de la púrpura del borgoña, del oro hirviente del champaña,
de las líquidas esmeraldas de la menta
Y más adelante, mientras el narrador vaga por los parques del el castillo:
Los gorriones chillaban sobre las lilas nuevas y atacaban a los escarabajos que se
defendían de los picotazos con sus corazas de esmeralda, con sus petos de oro y acero.
En las rosas el carmín, el bermellón, la onda penetrante de perfumes dulces: más allá las
violetas, en grandes grupos, con su color apacible y su olor a virgen. Después, los altos
árboles, los ramajes tupidos llenos de mil abejas, las estatuas en la penumbra, los
discóbolos de bronce, los gladiadores musculosos en sus soberbias posturas gímnicas,
las glorietas perfumadas, cubiertas de enredaderas, los pórticos, bellas imitaciones
jónicas, cariátides todas blancas y lascivas, y vigorosos telamones del orden atlántico,
con anchas espaldas y muslos gigantescos.
Y ahí todo está prescrito para la cúspide del erotismo, que es el encuentro con el otro. En la
sensualidad el cuerpo es lo primero presentado, ese cuerpo que se desvanece determinado por
efectos musicales, escultores y pictóricos.
Estaba en el centro del estanque, entre la inquietud de los cisnes espantados, una
ninfa, una verdadera ninfa, que hundía su carne de rosa en el agua cristalina. La cadera a
flor de espuma parecía a veces como dorada por la luz opaca que alcanzaba a llegar por
las brechas de las hojas. ¡Ah!, yo vi lirios, rosas, nieve, oro; vi un ideal con vida y forma
y oí entre el burbujeo sonoro de la linfa herida, como una risa burlesca y armoniosa, que
me encendía la sangre
Pero el deseo no culmina, se abre a la eternidad, nunca tiene una satisfacción completa en la
mecánica de la sensualidad. El discurso erótico entonces plantea siempre líneas de fuga que bordea
los límites de la finitud:
De pronto huyó la visión, surgió la ninfa del estanque, semejante a Citerea en su onda,
y recogiendo sus cabellos que goteaban brillantes, corrió por los rosales tras las lilas y
violetas, más allá de los tupidos arbolares, hasta ocultarse a mi vista, hasta perderse
En el “Palacio del Sol” la postura erótica es más evidente. El cuento comienza con la
descripción de la adolescente donde se utiliza metáforas sugerentes de gozo:”niña de los ojos color
de aceituna, fresca como una rama de durazno en flor, luminosa como un alba, gentil como la
princesa de un cuento azul”. Hay en el cuento un sutil y perverso planteamiento sensual que señala a
la vitalidad:
Ya veréis, sana y respetables señoras, que hay algo mejor que el arsénico y el fierro,
para encender la púrpura de las lindas mejillas virginales; y que es preciso abrir la puerta
de su jaula a vuestras avecitas encantadoras, sobre todo, cuando llega el tiempo de la
primavera y hay ardor en las venas y en las savias, y mil átomos de sol abejean, en los
jardines, como un enjambre de oro sobre las rosas entreabiertas
La joven es llevada por una hada al “Palacio del sol” para curar sus malestares. Lo carnal se pone
de manifiesto. La vida se despierta a través del deseo, de la apertura, de la comunicación de los
cuerpos, de la expresión carnal que resaltan la belleza, de la hermosura, de la desnudez:
el rostro lleno de vida y de púrpura, el seno hermoso y henchido, recibiendo las
caricias de una crencha castaña, libre y al desgaire, los brazos desnudos hasta el codo,
medio mostrando la malla de sus casi imperceptibles venas azules, los labios
entreabiertos por una sonrisa, como para emitir una canción...
El acto erótico acontece. La adolescente (junto con otras doncellas que también son llevadas al
palacio) se pierde en lo carnal, en el goce de la sensualidad. La ilusión y los sueños se funden, se
confunden, para dar vida al placer. Los cuerpos desvanecen bajo el efecto del fuego, del”néctar de la
danza”, de lo ardiente de la verdadera vida, de la afirmación del amor libre que enciende la sangre,
el éxtasis y la bacanal:
En verdad estaban en un lindo palacio encantado, donde parecía sentirse el sol en el
ambiente. ¡Oh, qué luz! ¡qué incendios! - Sintió Berta que se le llenaban los pulmones
de aire de campo y de mar, y las venas de fuego; sintió en el cerebro esparcimiento de
armonía, y cómo que el alma se le ensanchaba, y como que se ponía más elástica y tersa
su delicada carne de mujer. Luego vio, vio sueños reales, y oyó, oyó músicas
embriagantes. En vastas galerías deslumbradoras, llenas de claridades y de aromas, de
sederías y de mármoles, vio un torbellino de parejas, arrebatadas por las ondas
invisibles y dominantes de un vals. Vio que otras tantas anémicas como ella, llegaban
pálidas y entristecidas, respiraban aquel aire, y luego se arrojaban en brazos de jóvenes
vigorosos y esbeltos, cuyos bozos de oro y finos cabellos brillaban a la luz; y danzaban,
y danzaban, con ellos, en una ardiente estrechez, oyendo requiebros misteriosos que
iban al alma, respirando de tanto en tanto como hálitos impregnados de vainilla, de
haba de Tonka, de violeta, de canela, hasta que con fiebre, jadeantes, rendidas, como
palomas fatigadas de un largo vuelo, caían sobre cojines de seda, los senos palpitantes,
las gargantas sonrosadas, y así soñando en cosas embriagadoras... -Y ella también cayó
al remolino, al maelstrón atrayente, y bailó, giró, pasó, entre los espasmos de un placer
agitado; y recordaba entonces que no debía embriagarse tanto con el vino de la danza,
aunque no cesaba de mirar al hermoso compañero, con sus grandes ojos de mirada
primaveral. Y él la arrastraba por las vastas galerías, ciñendo su talle, y hablándole al
oído, en la lengua amorosa y rítmica de los vocablos apacibles, de las frases irisadas, y
olorosas, de los períodos cristalinos y orientales.
Y entonces ella sintió que su cuerpo y su alma se llenaban de sol, de efluvios
poderosos y de vida. ¡No, no esperéis más!
Después de la explosión de sí misma es regresada por el hada a su jardín. Ahí, debido a la
felicidad que proporciona el goce, continúa con su vida en una condición de apertura e ilimitación.
El cuento es así una propuesta de un erotismo de protesta bajo una pulsión estética, perversa y
vivencial que es a la vez apertura a la posibilidad de futuros goces...
En “El Rubí” la sensualidad es unida inexorablemente a la violencia. La violación se
presenta como elemento fundamental del cuento. Ella es fuente de creación. La construcción de
imágenes yuxtapuestas donde las formas y el centro se pierden crea un efecto de sensualidad
En los muros, sobre pedazos de plata y oro, entre venas de lapislázuli, formaban
caprichosos dibujos, como los arabescos de una mezquita, gran muchedumbre de
piedras preciosas. Los diamantes, blancos y limpios como gotas de agua, emergían los
iris de sus cristalizaciones; cerca de calcedonias colgantes en estalactitas, las
esmeraldas esparcían sus resplandores verdes, y los zafiros, en amontonamientos raros,
en ramilletes que pendían del cuarzo, semejaban grandes flores azules y temblorosas.
El deseo impele a ilusión y a la violencia. La sed de otro es presentada bajo la esplendidez de la
desnudez y la celebración. Imágenes atrayentes y gozosas construyen el objeto de deseo
Brazos, espaldas, senos desnudos, azucenas, rosas, panecillos de marfil coronados de
cerezas; ecos de risas áureas, festivas; y allá, entre las espumas, entre las linfas rotas,
bajo las verdes ramas...
-¿Ninfas?
-No, mujeres.
Una de las mujeres es secuestrada para convertirse en la amada del gnomo, compañera de lecho y
victima de la perenne violación” “La mujer amada descansaba a un lado, rosa de carne entre
maceteros de zafir, emperatriz del oro, en un lecho de cristal de roca, toda desnuda y espléndida
como una diosa”. Pero ella también es conformada por el deseo, el deseo de otro. El enamoramiento
le impele a intentar escapar lo que la lleva a la muerte. Y ahí, en esa descripción del cuerpo
moribundo, en el umbral de la vida, se fusionan el dolor con el goce:
desnuda y bella, destrozó su cuerpo blanco y suave como de azahar y mármol y rosa,
en los filos de los diamantes rotos. Heridos sus costados, chorreaba la sangre; los
quejidos eran conmovedores hasta las lágrimas. ¡Oh, dolor!
Yo desperté, la tomé en mis brazos, le di mis besos más ardientes; mas la sangre
corría inundando el recinto, y la gran masa diamantina se teñía de grana.
Escena que culmina en el génesis del rubí a partir del derramamiento hermoso de la sangre del
cuerpo violado. Exaltación de la fecundidad a partir de la sexualidad. Nacimiento en la muerte. Los
elementos de lo destruido devienen génesis.
En otros cuentos como “El Sátiro Gordo” esta construcción de ambiente continuo y erotismo
acontece también. Al rey no sólo le es permitido el placer sino la misma divinidad propone ese
estado de celebración: «Los dioses le habían dicho: "Goza, el bosque es tuyo; sé un feliz bribón,
persigue ninfas y suena tu flauta"». Su selva enorme, interminable y exótica es escenario de un ritual
poético. Ahí donde la lujuria es determinante de la vida, el poeta, Orfeo, expresa su canto que
seducción:
Los enormes troncos se conmovieron, y hubo rosas que se deshojaron y lirios que se
inclinaron lánguidamente como en un dulce desmayo. Porque Orfeo hacía gemir los
leones y llorar los guijarros con la música de su lira rítmica. Las bacantes más furiosas
habían callado y le oían como en un sueño. Una náyade virgen a quien nunca ni una
sola mirada del sátiro había profanado, se acercó tímida al cantor y le dijo: «Yo te
amo». Filomela había volado a posarse en la lira como la paloma anacreóntica. No
hubo más eco que la voz de Orfeo. Naturaleza sentía el himno. Venus, que pasaba por
las cercanías, preguntó de lejos con su divina voz: « ¿Está aquí, acaso, Apolo?»
La poesía se vuelca sobre sí misma transfigurada en el placer. Se trasciende apelando a una
dimensión festiva pero destructora. La misma virginidad es violentada. Ella lo acepta
placenteramente. El canto es pues, el acontecimiento de Eros
En “Palomas Blancas y Garzas Morenas” el proceso erótico es aun más evidente. La
descripción de su prima “Inés” responde a una construcción carnal aunque resplandeciente. Ella es
conformada a partir de esas imágenes: “El seno, firme y esponjado, era un ensueño oculto y
supremo; la voz clara y vibrante, las pupilas azules, inefables; la boca llena de fragancia de vida y
de color de púrpura. ¡Sana y virginal primavera! “, y más adelante “¡Cabellos áureos, ojos
paradisíacos, labios encendidos y entreabiertos!”. Bellaza cuya esplendidez lleva al narrador a la
obsesión, a la locura como desdoblamiento de sí mismo en la expresión:
Le dije todo lo que sentía, suplicante, balbuciente, echando las palabras, ya rápidas,
ya contenidas, febril, temeroso. ¡Sí! Se lo dije todo: las agitaciones sordas y extrañas
que en mi experimentaba cerca de ella; el amor, el ansia; los tristes insomnios del
deseo; mis ideas fijas en ella, allá en mis meditaciones del colegio; y repetía como una
oración sagrada la gran palabra: ¡el amor! Oh, ella debía recibir gozosa mi adoración.
Creceríamos más. Seríamos marido y mujer...
La fusión con la mujer se da en esta primera instancia de cuento en el beso. Ella, descrita de
manera de metafórica, poética, es la causante de la turbación y con ello de la violencia, de la
violación:
Se me antojaba Inés una paloma hermosa y humana, blanca y sublime: y al propio
tiempo llena de fuego, de ardor. ¡Un tesoro de dichas! No dije más. Le tomé la cabeza y
le di un beso en una mejilla, un beso rápido, quemante de pasión furiosa
En el mismo cuento es “Elena” objeto también de deseo erótico y más expresamente poético.
“Musa ardiente” cuyos “ojos de Minerva, ojos verdes, ojos que deben siempre gustar a los poetas”
inunda al narrador de felicidad. Consagrados místicamente el uno a otro expresan esa indisoluble
unión entre el deseo y la poesía lo cual rosa con lo sagrado con un aire de pagano: “¡Porque tú me
revelaste el secreto de las delicias divinas, en el inefable primer instante del amor!”
He mostrado en los cuentos expuestos algunos ejemplos que refieren al erotismo entendido como
expresión poética que apunta a la continuidad. Hay en Azul.., en estos mismos cuentos, como en el
resto que lo conforman, innumerables referencias a esta dinámica. Pero esa expresión se da en una
mezcla de aparente de pedantería libresca que a través de una hiperbolización, de ambientes
exóticos y de una conducción a un mundo fantasioso manifiesta su carácter irónico. No es ya una
confesión de un poeta romántico: “poets are more authors than lovers” . Rubén Darío a través
del erotismo que es poesía, establece un juego que degrada las formas pero lo hace, las más de las
veces, de una manera festiva. Las imágenes insólitas y el alejamiento de la realidad niegan una
expresión solemne, afirmando una posición vivencial de celebración.
La apertura a las posibilidades infinitas del deseo no admite satisfacción final. No hay posibilidad
de colmar esa búsqueda de libertad. Acontece una constante aspiración a ese punto donde “la
continuidad y la conciencia se aproximan” . La emancipación es otorgada por el perenne ánimo
irónico de los cuentos. El tono es de un permanente humor como en “La Ninfa” donde “Lesbia”
aparece constantemente riendo en un contexto festivo y bacanal: “se agitaba como una chicuela a
quien hiciesen cosquillas”. Hay en este cuento una expresa ironía incluso a la posición de narrador:
“¡ay!, por un recodo; y quedé yo, poeta lírico, fauno burlado, viendo a las grandes aves alabastrinas
como mofándose de mí, tendiéndome sus largos cuellos en cuyo extremo brillaba bruñida el ágata
de sus picos” y hacia el final de cuento “ella me miraba, me miraba como una gata, y se reía, se reía
como una chicuela a quien se le hiciesen cosquillas”. El poeta no escapa a su orquesta sensual
siendo él el primer seducido, violentado y burlado.
Existe a lo largo de la obra un tono incluso a veces orgiástico como en el ya mencionado “Palacio
del Sol” o en el “Sátiro Sordo” donde la selva abierta y exótica es presentada bajo un vaho de
“alegría y danza, belleza y lujuria; donde ninfas y bacantes eran siempre acariciadas y siempre
vírgenes; donde había uvas y rosas y ruido de sistros, y donde el rey caprípedo bailaba delante
de sus faunos beodos”
Los ambientes construidos, el deseo, la sensualidad, son fuente de expresión festiva donde nada
es serio. En Azul... se busca una complicidad con el lector proponiendo un inestable equilibrio entre
la veracidad y el juego. Hay un planteamiento de placer que conduce a la muerte pero también a la
resurrección. Constante flujo de máscaras de fecundidad que proporciona una libertad ilimitada.
Darío expresa una insurgencia individual en su poética en donde “con las palpitaciones de su
misterio -por que en la carne va el alma- y su tortura -por que el alma no puede dejar la carne
cuando quiere-, su sed de inmortalidad de encarnación y su angustia” conducen al éxtasis.
Establecer una propuesta alternativa de existencia -un estado estético que apela al goce, a la
embriaguez, a la desnudez, a la esplendidez, a la burla, al humor, a la ironía, a la danza, a la
sensualidad, al juego- es la intención de Darío. Su escritura seductora a la vez que perversa, donde
las practicas eróticas son planteada incluso a veces como ritos, es “fuente de energía creadora,
precisamente porque le mantuvo en vilo, como inquietud inagotable” Anhelo de resurrección,
de trascendencia donde los ritmos, ondulaciones y desfallecimientos actúan a manera de
reinvención, recreación y renacimiento. El erotismo se convierte en una afirmación trascendental del
placer, de la poesía y en último grado, de la vida.

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Pintura y Sensualidad en grandes Artistas









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Man Ray -Presentación




Su verdadero nombre era Emmanuel Radnitzky. Nació en 1980 en Filadelfia (Estados Unidos) de familia judía, su padre era de Kiev, Ucrania y su madre de Minsk, Bielorrusia.

Su familia se traslada a Nueva York en 1897. Man Ray estudia en la Hihg School y en La Escuela de Bellas Artes del Francisco Social Center de NY. En 1913 pinta su primer cuadro cubista, un retrato de Alfred Stieglitz.

En 1915 hizo el primer one-man-show, con el que se hizo famoso su nombre por América, como uno de los primeros pintores abstractos.

Con Duchamp participa en experimentos fotográficos y cinematográficos y en la publicación del número único de New York Dadá. Impulsado por Duchamp, Man Ray se mudó París en 1921, con la única excepción de 10 años (entre 1940 y 1951) que vivió en Hollywood durante la Segunda Guerra Mundial, pasó el resto de su vida allí.

Captó la atención con sus primeras fotos abstractas, a las que bautizó como rayogramas. Erróneamente se consideró inventor de la técnica aplicada para ello, que ya la habían experimentado otros artistas anteriormente, entre otros Talbot (hacia 1840) y Schad (1918). Publicó 12 de sus rayogramas bajo el título "Champs delicieux".

Poseedor de una gran imaginación, y siempre al frente de las vanguardias, trabajó con todos los medios posibles: pintura, escultura, fotografía y películas.

Man Ray fallece en Francia en 1976 y es enterrado en el cementerio de Montparnasse.

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Man Ray -Video 1/7



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Man Ray -Video 2/7



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